Passerini vuelve al Palacio 6 de Julio mientras el PJ capitalino recalienta su interna

El regreso del intendente coincide con el inicio de la “guerra fría” entre las tribus peronistas que ya se miden en territorio rumbo a la sucesión municipal. Tensiones, reacomodos y la cuenta pendiente entre Provincia y Municipio tras la derrota del 26-O.

El regreso de Daniel Passerini al Palacio 6 de Julio, tras su intervención quirúrgica y una breve licencia médica, ocurre en un momento clave: el justicialismo cordobés entra en etapa de reordenamiento interno, con la convocatoria a elecciones partidarias y el comienzo de una competencia soterrada entre los espacios que ya piensan en la sucesión municipal.

La noticia de que el PJ convocará a internas para redefinir sus autoridades aceleró los tiempos políticos. En las seccionales capitalinas, los operadores más experimentados del partido advierten que, aunque nadie espera una disputa real en las urnas, los distintos caciques territoriales ya activaron sus redes. Se trata de un punteo previo, un test de músculo político para medir hasta dónde llega cada tribu.

Un juego de señales

En la práctica, los armadores buscan completar listas que, sin llegar al 80% de los más de 2.400 cargos exigidos por la Carta Orgánica para competir, sirvan como carta de presentación: demostrar capacidad territorial y volumen político. En otras palabras, mostrar que se tiene estructura suficiente como para sostener una candidatura municipal en 2027.

En esa tarea ya se anotaron dos de los sectores con mayor gravitación en la Capital: el viguismo y el sicilianismo, ambos con terminales fuertes en el territorio y con aspiraciones de continuidad dentro del peronismo capitalino.

Internas en clima de tensión

El calendario partidario se superpone con un contexto áspero: una derrota electoral que dejó heridas abiertas, tensiones entre el Centro Cívico y el Palacio 6 de Julio, y rumores de cambios de gabinete tanto en la Provincia como en el Municipio.

En el llaryorismo hay quienes interpretan que el resultado adverso de las legislativas —42 a 28 en la provincia, pero un más preocupante 44 a 25 en la capital— refleja una “falla de gestión” en la ciudad. Según esa lectura, el diferencial negativo se explicaría por la pérdida de ritmo del municipio y la falta de presencia territorial.

De allí que, puertas adentro del Centro Cívico, se sugiera oxigenar dos áreas clave: la Secretaría de Gobierno, que actúa como una suerte de jefatura de gabinete municipal, y la Secretaría de Participación, encargada de la vinculación con los centros vecinales y la política de cercanía.

El contragolpe municipal

En el entorno de Passerini no ocultan su malestar con ese diagnóstico. “No hay falta de gestión, hay falta de recursos”, repiten. Recuerdan que la derrota de 2021 —cuando el peronismo perdió por un margen aún mayor— no derivó en este tipo de cuestionamientos, y destacan la diferencia entre el contexto económico actual y el que tuvo la gestión de Llaryora como intendente.

El passerinismo sostiene que la reducción de fondos destinados a la ciudad tras el cambio de administración provincial es la variable central que explica los resultados electorales. “Lo que cambió no fue la gestión, sino la billetera”, sintetiza un funcionario del entorno del intendente.

Pese a los chispazos, tanto en el Municipio como en la Provincia saben que el futuro político de Martín Llaryora depende, en gran medida, de la performance de la capital. El 50% del electorado provincial vive en la ciudad, y un mal clima allí puede poner en riesgo cualquier intento reeleccionario. Por eso, más allá de las tensiones, los recursos deberán seguir fluyendo.

El factor Passerini

La vuelta del intendente llega en un momento oportuno para ordenar el tablero político municipal y marcar presencia en medio del ruido interno. Su regreso permite al justicialismo capitalino recuperar conducción en un escenario en que las distintas tribus comienzan a medirse.

Mientras el PJ provincial busca recomponer su estructura, la capital se convierte otra vez en el epicentro de las disputas. Con Passerini de regreso y los aspirantes en movimiento, el peronismo cordobés ingresa en una etapa de silenciosas negociaciones, en la que cada gesto —una reunión, una foto, una recorrida— empieza a valer como parte del armado que definirá el futuro del partido.

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