Cristina Kirchner no descarta un acuerdo con Llaryora para enfrentar a Kicillof y reordenar el peronismo nacional

Contactos reservados en Buenos Aires alimentan versiones de un eventual entendimiento entre la ex presidenta y el gobernador cordobés. En Córdoba, el pase del cristinista Alesandri al bloque oficialista aviva las especulaciones. Schiaretti, cada vez más aislado.

La política argentina nunca deja de ofrecer movimientos inesperados, y en los últimos días una serie de gestos —algunos visibles, otros en la penumbra de los despachos porteños— volvió a poner a Córdoba en el centro de la escena peronista. Cristina Fernández de Kirchner estaría dispuesta a explorar un entendimiento con Martín Llaryora, el gobernador cordobés, con la mira puesta en las presidenciales de 2027 y, sobre todo, en la disputa interna que se avecina con Axel Kicillof dentro del peronismo.

El dato, que circula con insistencia entre dirigentes del PJ bonaerense y referentes del kirchnerismo, es que la ex mandataria busca volver a jugar como articuladora del espacio nacional, y ve en Llaryora a un eventual candidato “de centro”, con perfil dialoguista y proyección territorial. “Axel, lo que va a hacer Cristina es lo que siempre hizo: se va a plantar en sus 20 puntos y va a buscar un candidato de centro, como fueron Scioli y Alberto, para derrotarte”, le habría dicho un importante dirigente peronista —ex hombre de confianza de Néstor Kirchner— al gobernador bonaerense durante un almuerzo en La Plata.


Un gesto en Córdoba que encendió las alarmas

Mientras tanto, en Córdoba se produjo un movimiento que muchos califican como un simple reacomodamiento legislativo, pero que los más atentos interpretan como una señal política de mayor profundidad. El legislador cristinista Federico Alesandri —referente de Calamuchita y excandidato del kirchnerismo— anunció su incorporación al bloque oficialista que responde a Llaryora en la Unicameral. Con ese paso, el gobernador consolidó su mayoría legislativa y se aseguró la gobernabilidad, que hasta ahora pendía de un hilo por las diferencias con el bloque que encabeza la massista Natalia de la Sota.

El movimiento, calificado por algunos como “un cristinista salvando a Llaryora”, no pasó inadvertido en Buenos Aires. Para muchos, fue el primer indicio concreto de una reconfiguración de vínculos entre el kirchnerismo y el peronismo cordobés, históricamente enfrentados por la impronta anti-K del exgobernador Juan Schiaretti.


Schiaretti, el gran perdedor de la nueva etapa

La derrota electoral de Schiaretti y el fracaso de su incursión nacional junto a Florencio Randazzo dejaron al actual gobernador en una posición inédita: con libertad para emanciparse políticamente del veterano caudillo, sin cargar con el peso del “cordobesismo” como doctrina excluyente. “Llaryora ahora tiene la oportunidad de derribar ese alambrado que aisló al peronismo cordobés”, confió un dirigente provincial de buena llegada al Panal.

En el kirchnerismo creen que el contexto favorece una reintegración del peronismo cordobés al PJ nacional, como paso previo a una futura interna con Kicillof. Y, si bien la idea de una candidatura presidencial para Llaryora suena todavía lejana, nadie la descarta. “Nunca un candidato a presidente del peronismo se definió dos años antes. Esto siempre se acelera a seis meses de la elección”, advirtió un referente peronista local, que vislumbra una “carrera de postas” hacia 2027, con una primera parada clave: revitalizar el sello PJ en Córdoba, en contraposición con la distancia que mantuvo Schiaretti de la liturgia peronista.


Las piezas del nuevo tablero

El encargado de tejer los hilos de esta nueva etapa fue Facundo Torres, presidente provisorio de la Unicameral y operador político de máxima confianza de Llaryora. Torres habría sido quien negoció directamente con Alesandri su incorporación al bloque oficialista, en un movimiento que algunos interpretan como el primer paso hacia una reconciliación estratégica con el kirchnerismo.

Detrás del telón, aseguran que existen conversaciones muy reservadas entre emisarios cordobeses y operadores cercanos a Cristina Kirchner, entre ellos Carlos “Chino” Zannini, Juanjo Álvarez y el histórico armador delasotista Jorge “el Zurdo” Montoya. Ninguno de los involucrados lo admitirá públicamente, pero las versiones coinciden: el diálogo existe. Lo que no está claro es si Llaryora está al tanto o si, incluso, avala estas exploraciones.


La fractura bonaerense y el factor De la Sota

En paralelo, el peronismo bonaerense atraviesa su propia crisis. El vínculo entre Cristina y Kicillof está “irremediablemente roto”, reconocen incluso dentro de La Plata. Los intendentes, cansados de la tensión permanente, piden al gobernador que asuma la ruptura y expulse a los ministros de La Cámpora de su gabinete.

Mientras tanto, circula una versión que sacude también a Córdoba: Kicillof evaluaría llevar a Natalia de la Sota como compañera de fórmula presidencial. La sola posibilidad deja al cordobesismo frente a un dilema: por un lado, la proyección nacional de Llaryora; por el otro, el eventual regreso del apellido De la Sota al centro del tablero político nacional. Dos escenarios que, de confirmarse, marcarían el final de una era.


Un entendimiento por fuera del “cordobesismo”

En los cafés políticos de Buenos Aires y Córdoba, la hipótesis de un entendimiento entre Llaryora y Cristina para enfrentar a Kicillof gana terreno. Nadie lo admite abiertamente, pero las piezas parecen moverse en esa dirección. Sería, además, la ruptura definitiva con el esquema de Schiaretti y el fin de la llamada “avenida del medio”, el espacio de las indefiniciones que intentó ocupar el exgobernador.

“Martín tiene que hablar con Cristina, no sacarse una foto”, deslizan los operadores más pícaros del peronismo cordobés, que ven en Llaryora un potencial articulador de una nueva etapa política: más pragmática, más federal y menos ideologizada.

El tiempo dirá si estas conversaciones secretas se traducen en una alianza formal o quedan como un ejercicio de tanteo en la previa de 2027. Lo cierto es que, por primera vez en muchos años, Córdoba vuelve a ser un punto neurálgico para el futuro del peronismo nacional.

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