La renuncia de Guillermo Francos, tras los comicios legislativos, marca un nuevo reacomodamiento interno en la Casa Rosada. El ascenso de Manuel Adorni confirma el predominio del círculo más cercano al presidente.

La política argentina vuelve a sacudirse con un movimiento clave dentro del gabinete nacional. Este viernes, Guillermo Francos presentó su renuncia indeclinable como jefe de Gabinete, formalizando un alejamiento que desde hace días se daba por descontado en los pasillos de Balcarce 50. Su lugar será ocupado por el vocero presidencial y legislador porteño electo, Manuel Adorni, una figura de plena confianza del presidente Javier Milei y representante fiel de la llamada “ala violeta” del gobierno libertario.
En una carta dirigida al presidente, Francos justificó su decisión en los “persistentes trascendidos sobre modificaciones en el Gabinete Nacional”, una frase que deja entrever tensiones internas que venían creciendo tras las elecciones legislativas del 26 de octubre, en las que La Libertad Avanza consolidó su primera mayoría, pero también expuso fracturas dentro de la coalición gobernante.
La renuncia de Francos, un hombre con larga experiencia en el sector público y reconocido por su perfil dialoguista, marca el fin de una etapa moderada en la administración Milei. Durante su gestión, el ahora exjefe de Gabinete intentó tender puentes con los gobernadores, el Congreso y sectores empresariales, buscando construir una gobernabilidad mínima para el avance del plan económico. Sin embargo, en las últimas semanas su figura había quedado relegada ante el ascenso del círculo más cerrado del Presidente, encabezado por Santiago Caputo, el asesor todopoderoso de la comunicación libertaria, y ahora reforzado por el propio Adorni.
Fuentes oficiales confirmaron que Caputo podría sumarse formalmente al gabinete, lo que profundizaría el desplazamiento de los perfiles técnicos y negociadores en favor de un esquema más político, vertical y homogéneo. En ese sentido, la llegada de Adorni no solo significa un cambio de nombres, sino una redefinición del poder dentro del Ejecutivo: la comunicación y la estrategia pasan definitivamente a ser el eje del gobierno mileísta.
“Es un gabinete violeta, con funcionarios que responden directamente a la línea más dura del presidente”, reconoció un colaborador cercano a Casa Rosada, sintetizando el espíritu de la nueva etapa. Adorni, quien se transformó en una figura mediática por sus conferencias diarias y su defensa intransigente del proyecto libertario, representa el discurso sin filtros que Milei pretende mantener, incluso frente a las presiones institucionales y las demandas sociales.
La salida de Francos deja incógnitas sobre la relación del Gobierno con los mandatarios provinciales y el Congreso, ámbitos en los que el ahora exfuncionario tenía un rol clave. “Su reemplazo por Adorni sugiere que el presidente priorizará la confrontación discursiva por sobre la negociación política”, analizó un dirigente opositor, mientras en el oficialismo aseguran que “no habrá cambios de rumbo, solo una reafirmación del liderazgo presidencial”.
Con esta movida, Javier Milei consolida un gabinete cada vez más personalista, donde las decisiones se concentran en un puñado de hombres que orbitan directamente a su alrededor. La gestión entra así en una nueva fase: menos institucional, más identitaria.
El país, mientras tanto, asiste a un reacomodamiento de poder en la Casa Rosada que podría definir el tono político del próximo año. En tiempos de incertidumbre económica y social, el gobierno apuesta por la lealtad absoluta y la disciplina ideológica como sostén de su proyecto.
