Natalia de la Sota rompe con Schiaretti y tensa el equilibrio del cordobesismo: el bloque “Defendamos Córdoba” y la incógnita en la Unicameral

La diputada se despegó de Miguel Pichetto y formalizó su propio bloque en Diputados. En Córdoba, su decisión genera suspenso sobre el futuro político de su pareja, Bernardo Knipscheer, dentro del bloque llaryorista y sobre la unidad del peronismo provincial tras la derrota electoral.

El primer cimbronazo político posterior a las elecciones legislativas en Córdoba no vino del oficialismo ni de la oposición libertaria, sino del corazón mismo del peronismo mediterráneo. La diputada nacional Natalia de la Sota, hija del histórico exgobernador José Manuel de la Sota, anunció su salida del bloque Encuentro Federal, que preside Miguel Pichetto, para conformar una nueva bancada unipersonal bajo el nombre “Defendamos Córdoba”. La jugada, interpretada como una señal de autonomía y reposicionamiento, reaviva viejas tensiones dentro del universo cordobesista y proyecta incertidumbre hacia la Legislatura provincial, donde su pareja, Bernardo Knipscheer, ocupa una banca dentro del bloque oficialista que responde a Martín Llaryora.

La misiva que la diputada envió al presidente de la Cámara baja, Martín Menem, fue el punto formal de una ruptura que venía gestándose desde la campaña. Según fuentes cercanas a De la Sota, la decisión fue “enteramente personal” y sin reproches de sus antiguos socios políticos. Sin embargo, su movimiento deja al descubierto una fisura política que excede lo parlamentario: reabre el enfrentamiento soterrado con el exgobernador Juan Schiaretti y pone en juego el delicado equilibrio que intenta mantener Llaryora tras la derrota electoral del domingo.


Un movimiento con efecto dominó

La incógnita ahora se traslada a la Unicameral cordobesa, donde Knipscheer, integrante del bloque oficialista, podría seguir los pasos de su pareja y armar su propio espacio o acercarse a otros sectores peronistas descontentos. En ese grupo aparece el legislador Federico Alesandri, exintendente de Embalse y ex candidato a gobernador por el kirchnerismo, quien también cuenta con una banca unipersonal.
Si Bernardo se escinde, no sería una locura que explore un acuerdo con Alesandri u otros peronistas marginados”, deslizó una fuente del peronismo provincial en diálogo con este medio.

Aunque en el entorno de De la Sota reina el hermetismo, algunos legisladores admiten que Knipscheer no participó de las últimas reuniones de bloque y que su continuidad dentro del espacio llaryorista “está bajo análisis”. En el oficialismo, en cambio, buscan bajarle el tono: “No va a romper con Llaryora. Su pelea es con Schiaretti, no con Martín”, aseguran desde el círculo más cercano al gobernador.


“Defendamos Córdoba”: identidad y mensaje político

Desde el nuevo bloque, De la Sota envió una señal clara: mantendrá diálogo con todos los espacios “que rechacen las políticas de Javier Milei”, pero no con quienes “en nombre de la gobernabilidad le digan a todo que sí”. Una frase que, sin nombrarlos, apunta directamente al llaryorismo, acusado por sectores internos del PJ de haber mostrado “sintonía fina” con la Casa Rosada durante la campaña.

En los pasillos del Congreso, la creación de Defendamos Córdoba es vista como un gesto de diferenciación ideológica y una apuesta por recuperar el discurso “provincialista” que marcó al delasotismo en su mejor época. “Natalia busca volver a representar al peronismo cordobés no alineado, ese que se siente incómodo entre Milei y Schiaretti”, analizó un referente justicialista de la capital.


Las heridas del cordobesismo

El nuevo mapa político post electoral dejó al cordobesismo fragmentado. La derrota de Provincias Unidas, el experimento que encabezó Schiaretti a nivel nacional, aceleró los pases de factura internos. Mientras el gobernador Llaryora intenta recomponer la tropa, algunos dirigentes advierten que la ruptura de De la Sota podría ser el primer síntoma de un reacomodamiento mayor.

Desde el oficialismo provincial, sin embargo, tratan de mantener la calma y relativizan el impacto de la decisión. “Ella está construyendo su espacio, pero no va a poner en riesgo la gobernabilidad”, insistió un funcionario llaryorista. En la misma línea, recordaron que en caso de que Knipscheer deje su banca, el lugar sería ocupado por Oscar Agost Carreño, exdiputado del PRO, lo que garantizaría que el oficialismo conserve la mayoría.


Una disputa generacional en el peronismo cordobés

Más allá de los movimientos institucionales, en el fondo late una batalla generacional dentro del peronismo. “Natalia quiere jubilar a la vieja guardia del PJ cordobés. Su proyecto es quedarse con la representación de ese peronismo joven y ser candidata a vice de Llaryora en 2027”, confió un dirigente “paladar negro” del entorno del gobernador.

El diagnóstico no es menor: el llaryorismo intenta mostrarse como una renovación del peronismo mediterráneo, mientras que De la Sota busca reposicionar el legado político de su padre desde una identidad propia. En ese tablero, los vínculos entre ambos podrían alternar entre la competencia y la cooperación, según las circunstancias políticas de los próximos meses.


Schiaretti, el blanco de fondo

El tuit que publicó el martes Carlos Gutiérrez, diputado schiarettista, pareció responder directamente a la movida de Natalia. “Provincias Unidas, una fuerza que tiene tres meses de existencia, sacó 1.766.000 votos y se constituyó en la tercera fuerza nacional”, escribió, en un mensaje que fue reposteado por el propio Llaryora.
El gesto, interpretado como un intento de reivindicar la vigencia del schiarettismo, dejó en evidencia que las tensiones internas dentro del peronismo cordobés están lejos de cerrarse.


El tablero se mueve

Apenas unos días después de los comicios, el movimiento de Natalia de la Sota reconfigura el mapa político cordobés. Con Defendamos Córdoba, la diputada busca construir una voz diferenciada dentro del Congreso y, al mismo tiempo, marcar presencia en la provincia. Su desafío será mantener el equilibrio entre la autonomía política y la necesidad de tender puentes con un peronismo que todavía no termina de digerir su derrota.

Lo cierto es que, una vez más, Córdoba vuelve a ser el escenario de una disputa que combina egos, herencias políticas y proyectos de poder. Y esta vez, el apellido De la Sota vuelve a ocupar el centro de la escena.

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