
Lo que sucedió en las últimas horas en Córdoba parece una parodia, pero lamentablemente no lo es. Un operativo policial descomunal, con el ETER, negociadores y decenas de efectivos rodeando un hotel alojamiento, terminó siendo un grotesco error. Lo que se creyó una situación de rehenes, con ladrones atrincherados, resultó ser una pareja inocente que simplemente buscaba un momento de intimidad.
La escena fue tan absurda como simbólica. Mientras el Gobierno provincial montaba un espectáculo policial en un hotel alojamiento, el narcotraficante de armas más buscado por Interpol era encontrado por las fuerzas internacionales… jugando al pádel en pleno Cerro de las Rosas. Libre, tranquilo y sin necesidad de esconderse. Esa imagen, la del operativo equivocado frente al verdadero crimen desatendido, retrata con crudeza el nivel de desorientación que vive la política de seguridad en Córdoba.
Nada más desconcertante que ver la fuerza policial desplegada como si se tratara de una película de acción, mientras la delincuencia real actúa sin control. No estamos hablando de un error menor ni de una anécdota para las redes sociales: estamos hablando de la falta total de planificación, coordinación y criterio en el manejo de la seguridad provincial.
El Ministerio de Seguridad, encabezado por Juan Pablo Quinteros, parece más preocupado por el impacto mediático de los operativos que por desarrollar una estrategia seria de prevención del delito. No hay inteligencia criminal, no hay coordinación entre fuerzas, y tampoco hay un plan de seguridad pública coherente. Lo que sí hay es improvisación, marketing y una peligrosa desconexión con la realidad.
Y todo esto sucede mientras la inseguridad avanza. Córdoba se ha transformado en una provincia donde los vecinos viven con miedo, los comerciantes no saben si van a volver a casa, y los barrios del interior y la capital son escenario de robos violentos todos los días. El delito se ha profesionalizado, pero el Estado sigue actuando como un amateur.
La captura del narcotraficante internacional por parte de Interpol —no de la Policía de Córdoba— es una muestra clara de dónde está el verdadero profesionalismo y dónde están las falencias. La fuerza provincial, mientras tanto, gasta recursos, tiempo y credibilidad en operativos que se vuelven motivo de burla nacional.
Gobernador Llaryora, usted es el máximo responsable de esta situación. El artículo 144, inciso 16, de la Constitución Provincial lo señala con claridad: la seguridad de los cordobeses está bajo su responsabilidad. No puede seguir mirando para otro lado.
La política de seguridad en Córdoba está desbordada, sin rumbo y sin conducción. No se trata de un hecho aislado, sino de un modelo agotado que prioriza la propaganda por sobre la gestión, y la puesta en escena por sobre la planificación.
Mientras sigan montando operativos desopilantes para las cámaras y dejando escapar a los verdaderos delincuentes, Córdoba seguirá siendo una provincia donde “no pasa nada”… hasta que pasa lo peor.
Es hora de hacerse cargo. La seguridad no se improvisa ni se actúa por reflejo. Se planifica, se profesionaliza y se ejerce con responsabilidad. Y eso, lamentablemente, es lo que hoy falta en Córdoba.
Miguel O. Nicolás
Legislador Provincial – Bloque UCR
