Tras la derrota de Schiaretti, el cordobesismo estalla en pases de factura y un Excel expone las grietas internas

La vicegobernadora Myrian Prunotto hizo público un archivo con los resultados por ciudad y encendió una disputa con los jefes territoriales del PJ. El llaryorismo busca contener una interna que promete crecer rumbo a 2027.

La derrota de Juan Schiaretti en las legislativas dejó al descubierto lo que muchos en el oficialismo cordobés preferían mantener bajo la alfombra: una interna que ya venía cargada de tensiones y que ahora escaló con pases de factura, reproches cruzados y una figura inesperada en el centro de la polémica.

La vicegobernadora Myrian Prunotto, resistida desde siempre por el peronismo por su pasado radical, publicó un Excel con los resultados en las principales localidades de la provincia, gesto que fue interpretado como una advertencia hacia los “caciques” del PJ que no lograron retener sus territorios. En ese documento, Prunotto remarcó que su ciudad, Estación Juárez Celman, fue una de las pocas donde el oficialismo consiguió una victoria clara, con una diferencia de 11 puntos a favor.

La jugada no cayó bien en el peronismo tradicional. “Fue una forma de marcar territorio”, reconoció un funcionario del entorno de Llaryora, que admitió que el gesto encendió el malestar de los intendentes y legisladores que ya venían cuestionando el rol de la vice.


El lunes negro del Panal

Las horas posteriores al comicio fueron turbulentas en El Panal, donde los funcionarios amanecieron con un clima de derrota y reproches. En los grupos internos del oficialismo circularon capturas de estados de WhatsApp de intendentes que sí habían ganado en sus localidades, en un claro gesto de fidelidad al gobernador Martín Llaryora, quien durante la campaña había repetido: “No habrá 2027 sin 2025”.

El mensaje caló hondo: la elección legislativa se había convertido en un test de gestión y de liderazgo. Pero la noche del domingo mostró un panorama más oscuro de lo esperado: La Libertad Avanza arrasó en buena parte del interior, y el frente Provincias Unidas, impulsado por Schiaretti, no logró capitalizar el voto moderado.

En ese contexto, la publicación del Excel por parte de Prunotto fue el punto de inflexión. No sólo exhibió las pocas victorias del oficialismo (Juárez Celman, Morteros y Cosquín, estas dos últimas por menos de medio punto), sino también las derrotas categóricas en territorios gobernados por figuras de peso del llaryorismo.


Los números que duelen

Entre los datos más sensibles del documento, figura la paliza en Colonia Caroya (-26 puntos), bastión del ministro Gustavo Brandán, uno de los hombres más cercanos al gobernador. La derrota fue aún más dura que la de Jesús María (-15), comandada por el radical libertario Luis Picat.

El listado también incluye caídas significativas en San Francisco (-8), la ciudad natal de Llaryora, bajo la conducción del intendente Damián “Peta” Bernarte; en Alta Gracia (-11), gobernada por los hermanos Facundo y Marcos Torres; y en Villa María (-19), el histórico bastión de Eduardo Accastello, quien había apostado fuerte llevando a su pareja en la boleta.

“Hay intendentes que se relajaron y otros que creyeron que el voto cordobés era automático”, deslizó un dirigente del PJ, en alusión al desgaste del modelo provincial que supo ser invencible durante dos décadas.


De la Sota, Bornoroni y el nuevo mapa opositor

Mientras tanto, el llaryorismo encuentra un tenue consuelo en el desempeño de Natalia de la Sota, que logró arrebatarle al kirchnerismo una banca que históricamente le pertenecía, y en la irrupción del libertario Gabriel Bornoroni, que se consolida como una figura que le disputa protagonismo a Luis Juez en la oposición.

Sin embargo, dentro del oficialismo hay quienes relativizan el fenómeno De la Sota. “Natalia no es un cuco para el Gobierno”, confió un funcionario provincial. “Habrá que ver si en 2027 la queremos dentro del esquema o enfrentándonos desde la vereda de enfrente”.


La amenaza del voto volátil

Más allá de los pases de factura, en el Panal preocupa un dato que trasciende la coyuntura interna: la volatilidad del voto cordobés. Según los relevamientos previos, el 6% de indecisos terminó definiéndose en las últimas horas antes de la elección, y lo hizo masivamente a favor de La Libertad Avanza. Ese movimiento explica buena parte de la diferencia final y deja una advertencia para el futuro.

El propio Llaryora, que encabezó la campaña de Schiaretti, lo sabe: ese segmento del electorado —cada vez más imprevisible y refractario a los partidos tradicionales— podría ser el árbitro de la elección de 2027, cuando busque su reelección.


Un modelo en revisión

La crisis post electoral del cordobesismo no sólo expone diferencias personales, sino también una discusión de fondo sobre el rumbo del modelo provincial. La marca Schiaretti-Llaryora, que supo ser sinónimo de gestión y previsibilidad, parece hoy tensionada por los resultados y por la falta de un discurso renovado frente al avance libertario.

En ese escenario, el gesto de Prunotto con su Excel no fue un hecho aislado: fue el síntoma de un oficialismo que empieza a mirarse con desconfianza y que deberá decidir si reconstruye su unidad o se encamina, una vez más, a la fragmentación.

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