En un cierre de campaña cargado de simbología justicialista, la diputada de Defendamos Córdoba marcó su diferencia con Schiaretti y Llaryora, y lanzó un mensaje de ruptura dentro del histórico modelo peronista provincial.

A sólo diez cuadras del acto encabezado por Javier Milei en Córdoba, Natalia de la Sota eligió cerrar su campaña con un gesto político tan simbólico como desafiante. Rodeada de bombos, banderas y militancia cantando la Marcha Peronista, la hija del exgobernador José Manuel de la Sota pronunció una frase que resonó con fuerza en la interna del PJ provincial: “Empieza algo nuevo para el peronismo cordobés.”
El mensaje no fue casual. En medio de la disputa entre la lista libertaria de Gonzalo Roca y el armado cordobesista encabezado por Juan Schiaretti, De la Sota se posicionó como el tercer vértice de una contienda que, más allá de las urnas, expone una fractura en el corazón del peronismo mediterráneo. Por primera vez desde que el PJ gobierna la provincia, los herederos de las dos figuras fundacionales del modelo —De la Sota y Schiaretti— compiten en listas separadas.
Un cierre con identidad peronista
El acto de cierre de Defendamos Córdoba tuvo el tono de un ritual justicialista. No faltaron las columnas de militantes, los bombos ni los retratos del exgobernador. En ese clima, la diputada alzó su discurso con un marcado tono de reivindicación política:
“Había muchos que decían ‘no se va a animar’, ‘no se va a lanzar’… y acá estamos”, lanzó, en un mensaje directo al núcleo schiarettista que buscó desestimarla desde su irrupción.
La candidata también respondió a las versiones que minimizan su peso electoral:
“Decían que no íbamos a pasar de los dos puntos. Van a ser mucho más que dos puntos.”
El desafío no pasó inadvertido. En los despachos del cordobesismo reconocen que el fenómeno De la Sota les preocupa: el espacio de la diputada pesca votos en el mismo electorado que históricamente nutrió al schiarettismo, y erosiona el bastión del gobernador Martín Llaryora.
Alarmas encendidas en el Panal
En las últimas semanas, la estructura provincial se replegó sobre sí misma. Fuentes cercanas a la Casa de las Tejas admiten que se ordenó un monitoreo exhaustivo de la campaña delasotista, desde los actos hasta las interacciones en redes sociales. Incluso se pidió identificar a funcionarios y dirigentes que apoyan o “likean” las publicaciones de Natalia de la Sota.
En paralelo, Llaryora intensificó su participación en la campaña de Schiaretti. Ambos compartieron escenario en San Francisco, Villa María y Río Cuarto, y preparan un cierre conjunto en la capital provincial. La consigna es clara: asociar a De la Sota con el kirchnerismo y el massismo, en un intento por marcar distancia ideológica ante un electorado cordobés mayoritariamente refractario al peronismo nacional.
Dardos cruzados
La tensión es abierta. Desde el entorno de la diputada, apuntan contra el cordobesismo por haber acompañado en el Congreso varias de las leyes impulsadas por el gobierno de Javier Milei. “Si hoy faltan recursos para los jubilados y las universidades, la responsabilidad es de Schiaretti y de Milei”, lanzó anoche uno de los candidatos de su lista, en una declaración que refleja la estrategia de confrontar por el costado social.
Por su parte, la respuesta más filosa vino de una vieja figura del delasotismo: Olga Riutort. En una entrevista con el streaming #MesaChica, la dirigente afirmó que “Natalia está ahí por un capricho de Massa” y que su candidatura “es funcional a Milei”. La frase encendió más la mecha en un peronismo cordobés ya tensionado entre viejas lealtades y nuevas ambiciones.
Lo que se juega el domingo
La elección del próximo domingo no definirá solo bancas. También pondrá a prueba el equilibrio interno de un modelo político que lleva más de dos décadas gobernando la provincia.
Si Schiaretti logra imponerse en su propio bastión, consolidará su liderazgo dentro de Provincias Unidas y ratificará su proyección nacional. Pero si el resultado muestra un crecimiento significativo de Natalia de la Sota, el golpe político podría ser profundo: el PJ nacional vería la oportunidad de intervenir en el tablero cordobés y promover una renovación que entierre al viejo cordobesismo.
Sea cual sea el desenlace, algo ya parece irreversible: el terremoto interno que comenzó a mover las placas del peronismo cordobés. Y como anticipó la diputada en su cierre, “empieza algo nuevo para el peronismo cordobés”.
