Cumbre Mestre–Ferrer: una señal tardía pero necesaria para reanimar al radicalismo cordobés

A once días de las elecciones legislativas, la Unión Cívica Radical de Córdoba intentó, una vez más, mirarse al espejo y reconocerse. En Río Tercero, el intendente y presidente del partido, Marcos Ferrer, recibió al candidato a diputado nacional Ramón Mestre en una cumbre que, aunque tardía, dejó una imagen que muchos radicales esperaban desde hace meses: la del reencuentro partidario en medio de la dispersión y el desánimo.

El encuentro, celebrado en el edificio municipal, se inscribió dentro de la recorrida de Mestre por el departamento Tercero Arriba, pero tuvo una lectura más profunda que la simple agenda de campaña. Fue un intento por recuperar la épica radical, ese combustible emocional que alguna vez movilizó multitudes, y que hoy parece diluido entre la polarización libertaria y peronista.

“Coincidimos en que los cordobeses necesitan un radicalismo unido, con fuerza, consciente de la importancia histórica que vive la Argentina. La UCR suma la coherencia que hace falta para reconstruir la política desde los valores, las ideas y las valentías”,
expresó Mestre, sintetizando la necesidad de un golpe de ánimo para el sprint final.

Un gesto con valor simbólico (y político)

Del encuentro participaron figuras del entorno mestrista como Franco Jular, Leopoldo Grumstrup, Gabriela Brouwer de Koning y Rafael Prado, presidente del Comité Departamental. Mestre, fiel a su estilo dialoguista, sostuvo en declaraciones a FM Sol que “la política es diálogo, es construir consensos. Sin diálogo, es imposible avanzar”. Una frase que, luego de su reunión con Ferrer, también puede leerse hacia adentro del propio partido.

El gesto fue interpretado como una movida de alto valor político para Mestre, quien venía reclamando señales claras de respaldo por parte de la conducción radical. En el municipio donde Ferrer gobierna y conduce la estructura provincial, la postal del saludo y el diálogo buscó cerrar heridas y mostrar que la UCR todavía conserva capacidad de articulación.

Sin embargo, el “timing” no pasó desapercibido. Entre las filas radicales reinan los recelos por la tardanza de la foto: varios dirigentes del interior consideraron que el gesto llega “a destiempo”, después de semanas de actividad mínima en los comités y una militancia desmotivada. La esperanza de Mestre es que la reunión sirva para encender los motores de la fiscalización y la movilización, dos engranajes clave de cara al 26 de octubre.

Silencios y lecturas cruzadas

Ferrer, consciente del desgaste interno, eligió la discreción. No hubo publicaciones en redes ni foto oficial en sus cuentas. En su entorno aseguran que fue una “decisión estratégica”, aunque muchos radicales reconocen que la foto benefició más a Mestre que al propio Ferrer.

El presidente del radicalismo provincial atraviesa un momento incómodo dentro del partido. Los rumores sobre un acercamiento con La Libertad Avanza y las críticas a su conducción por el armado de listas debilitaron su autoridad interna, generando fisuras con el mestrismo y otros sectores tradicionales. En ese contexto, la reunión con Mestre también funcionó como un intento de recomposición de poder, tanto hacia la militancia como hacia los intendentes del interior.

De Loredo, el gran ausente

El nombre que flotó sobre toda la conversación fue el de Rodrigo de Loredo. Su ausencia no fue casual: el distanciamiento con la conducción partidaria es casi total. En los comités más influyentes ya lo dan por “caso perdido”, y el rumor de que podría aceptar un cargo en el gobierno de Javier Milei solo profundiza la grieta.

Fuentes cercanas a Ferrer reconocen que, si eso se confirma, el presidente de la UCR cordobesa “le soltará la mano” al actual diputado. En ese sentido, la cumbre con Mestre puede leerse como una señal de realineamiento interno: Ferrer empieza a pensar en el “día después” del 26 de octubre, con la vista puesta en quién quedará en pie para reconstruir el partido.

Si Mestre logra una buena elección, su figura podría convertirse en el punto de equilibrio que el radicalismo busca desde hace tiempo. Pero si el resultado es adverso y los intendentes radicales siguen migrando hacia el armado de Provincias Unidas, Ferrer deberá afrontar un escenario de fractura y replanteo profundo.

Una foto que devuelve esperanza

Más allá de su tardanza, la cumbre Mestre–Ferrer reavivó un sentimiento de pertenencia entre los militantes radicales que aún creen que la UCR puede volver a levantar la bandera de la coherencia y la institucionalidad. Fue un gesto modesto, pero con alto contenido simbólico: un intento por encender una chispa en un partido que todavía busca reencontrarse con su identidad en medio de un panorama político cada vez más incierto.

En palabras de un histórico correligionario presente en el encuentro:

“No sé si alcanza para ganar una banca, pero al menos nos volvió el alma al cuerpo”.

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