Juez y De la Sota ya preparan su “ambulancia” para recoger heridos, mientras Schiaretti se juega su proyección nacional. Mestre afila el cuchillo interno del radicalismo y el kirchnerismo naufraga sin anclaje territorial. Córdoba, una vez más, como espejo de las tensiones nacionales.

El 26 de octubre no sólo definirá nuevas bancas legislativas. En Córdoba, esa fecha promete abrir un nuevo capítulo de reacomodamientos políticos, tensiones internas y liderazgos en disputa. Aunque la campaña transcurre sin sobresaltos ni grandes cruces —marcada por la apatía y una clara subordinación al clima nacional—, en los principales espacios cordobeses reconocen, aunque lo disimulen, que el día después de las urnas nada será igual.
Schiaretti: entre la gloria nacional y el riesgo de la irrelevancia
El exgobernador Juan Schiaretti llega a la recta final con un objetivo claro: convertir a Córdoba en el trampolín de su regreso al plano nacional. Un triunfo contundente en su provincia podría consolidarlo como el líder natural de Provincias Unidas, esa confederación de gobernadores del centro que busca un espacio propio entre el kirchnerismo y el libertarismo.
Pero el riesgo es tan alto como la apuesta. Una derrota —incluso mínima— frente al libertario Gonzalo Roca podría empañar su aspiración presidencial y debilitar su autoridad en el Congreso. Peor aún, podría erosionar su capacidad de negociación con el gobernador Martín Llaryora, con quien mantiene un vínculo cada vez más incómodo por la disputa de espacios de poder y la agenda provincial post diciembre.
En el entorno del llaryorismo observan con atención: un Schiaretti ganador por más de diez puntos pospondría cualquier intento de renovación interna y extendería la sombra del caudillo federal hasta 2027. “El cordobesismo joven sabe que, si gana demasiado, el jefe se queda otro turno”, resume un dirigente del oficialismo local.
Las ambulancias listas: Juez y De la Sota se preparan para recoger heridos
Mientras tanto, Natalia de la Sota y Luis Juez se alistan para aprovechar los efectos colaterales del resultado. Ambos juegan un papel silencioso pero estratégico: preparan la “ambulancia” para rescatar a los desencantados de cada frente.
De la Sota, candidata a diputada por Defendamos Córdoba, disputa votos directamente del mismo electorado schiarettista. Una buena elección la fortalecería dentro del peronismo provincial y nacional. Algunos intendentes ya la miran como una posible heredera de la marca De la Sota, especialmente quienes se sienten relegados por el Panal.
En el plano nacional, su nombre empieza a sonar como posible compañera de fórmula de Axel Kicillof para 2027, una alianza difícil de digerir en Córdoba, pero atractiva para el PJ bonaerense, que busca reconstituir un peronismo con proyección federal.
Por su parte, Luis Juez juega una carta de riesgo. Tras semanas de distancia con el oficialismo libertario, selló una tregua con los “halcones” de Milei, incluso con el influencer Iñaki Gutiérrez, uno de los estrategas digitales del Gobierno que semanas atrás lo había tildado de “traidor”.
Juez entendió que en política no hay enemistades eternas y ahora se muestra dispuesto a articular con peronistas y radicales en una nueva construcción. Su horizonte sigue siendo el mismo: volver a ser candidato a gobernador en 2027, sin importar cuántos heridos tenga que subir a su ambulancia para lograrlo.
Radicalismo: Mestre, Ferrer y la eterna pelea por el poder
En el radicalismo, la elección servirá apenas como preludio de una interna que promete volver a dividir al partido.
Ramón Mestre, decidido a retomar el control de la UCR, ya avisa que irá por todo después del 27 de octubre, gane o pierda en las urnas. Su objetivo es claro: desplazar a Rodrigo de Loredo —su viejo adversario— de la conducción partidaria, especialmente si el diputado se acomoda en el nuevo esquema de poder nacional.
Del otro lado, Marcos Ferrer intentará conservar su liderazgo interno y mantener el vínculo fluido con El Panal, donde la relación institucional con el radicalismo sigue siendo clave para la gobernabilidad.
El panorama, sin embargo, es previsible: gane quien gane, la UCR seguirá mirándose al espejo de sus fracturas.
El kirchnerismo, sin palenque donde rascarse
El panorama más sombrío lo enfrenta el kirchnerismo cordobés. Sin estructura, sin anclaje territorial y con Pablo Carro como único referente visible, el espacio se encuentra al borde de la irrelevancia política.
En la práctica, ni siquiera una eventual reelección de Carro garantiza autonomía provincial. Los intendentes que aún se identifican con el espacio reconocen que no hay conducción ni proyecto local, y que la apuesta real del kirchnerismo está puesta en los resultados de Natalia de la Sota. Paradójicamente, los K confían más en la hija del exgobernador justicialista que en sus propios cuadros para romper el cerco del cordobesismo.
Un tablero en movimiento
En suma, el escenario cordobés entra en una fase de transición inevitable. Los liderazgos tradicionales buscan revalidar poder, los herederos tantean su momento y los outsiders preparan sus movimientos.
Córdoba vuelve a ser —como tantas veces— el laboratorio político del país, donde las victorias no siempre aseguran futuro y las derrotas, a veces, se transforman en puntos de partida.
