
Una vez más, el exgobernador Juan Schiaretti demuestra su especial habilidad para vender relatos. Con absoluta hipocresía, recorre el país prometiendo medidas económicas y sociales para combatir la pobreza, la desocupación y la inseguridad, cuando en su propia provincia fue incapaz de resolver esos mismos problemas durante más de dos décadas de gestión.
Habla de diálogo, de gestión y de respeto institucional, mientras Córdoba se hunde en una crisis institucional y económica provocada por su propio modelo de poder. Le reclama a Milei que no dialoga, que gobierna con agresividad y que no tiene rumbo, pero él mismo gobernó durante años con soberbia, cerrando el diálogo, manipulando las instituciones y usando el Estado como plataforma electoral.
En su discurso de campaña nacional, Schiaretti intenta diferenciarse de la política tradicional, pero detrás de esa sonrisa ensayada hay una realidad que no puede ocultar: Córdoba tiene un Tribunal de Cuentas reformado para no controlar nada, y una Legislatura silenciada, donde el oficialismo eliminó el debate para evitar que hablemos de los fracasos de la gestión de Llaryora.
Schiaretti acusa al presidente Milei de haber fracasado en su plan económico porque recurrió al endeudamiento externo. Pero, con esa afirmación, se contradice a sí mismo: el propio gobierno de Llaryora —heredero directo del suyo— también tuvo que recurrir al endeudamiento para cubrir el déficit y sostener una estructura política que no para de crecer. Además, sometió a los cordobeses al impuestazo más alto del país, en un intento desesperado por financiar un Estado sobredimensionado e ineficiente.
Lo más indignante es su intento de mostrarse como defensor de los jubilados. Schiaretti critica la pérdida del haber jubilatorio nacional, pero se olvida convenientemente de que fue él quien impulsó la peor ley previsional en la historia de Córdoba, recortando haberes y derechos adquiridos, y condenando a miles de jubilados provinciales a vivir en la pobreza. Ese ajuste brutal fue una de las decisiones más injustas y dolorosas de su gestión, y todavía la padecen nuestros adultos mayores.
Nada de lo que promete hoy Schiaretti es creíble. Cada propuesta que publicita a nivel nacional es una mentira que se desmorona con solo mirar la realidad cordobesa. Habla de eficiencia, pero deja una provincia endeudada. Habla de transparencia, pero gobierna con instituciones cerradas. Habla de justicia social, pero empobreció a los jubilados, a los docentes y a los trabajadores del Estado.
Los cordobeses conocemos demasiado bien su “modelo Córdoba”: un modelo sostenido con marketing, impuestazos y silencio institucional. Por eso, cuando lo escucho hablar de soluciones para el país, solo puedo pensar en lo que nunca hizo en Córdoba.
Miguel O. Nicolás
Legislador Provincial – Bloque UCR
