Massa busca revancha desde Córdoba

El tigrense respalda la candidatura de Natalia de la Sota en un movimiento que mezcla estrategia electoral y revancha política. Las tensiones con Schiaretti se arrastran desde 2019 y se profundizaron tras las presidenciales de 2023. Córdoba vuelve a ser el escenario donde se reconfigura el peronismo.

Una vieja rivalidad que vuelve al centro de la escena

Sergio Massa no olvida. Dos años después de haber perdido la presidencia, el exministro de Economía busca cobrar una vieja factura política y lo hace donde más le duele a su enemigo declarado, Juan Schiaretti: en Córdoba.
El exjefe del Frente Renovador respalda ahora la candidatura de Natalia de la Sota, una dirigente que también tiene cuentas pendientes con el exgobernador. Ambos comparten un punto en común: consideran que Schiaretti les cerró el camino político en momentos decisivos.

En los círculos cordobeses nadie duda de que Massa opera desde las sombras para fortalecer la figura de Natalia, aunque ni ella ni su entorno admiten en público ese vínculo. Lo que sí reconocen es una relación política y personal fluida, que se consolidó durante la gestión de Massa como ministro de Economía y que hoy se traduce en apoyo logístico y mediático.


“Las operaciones del massismo”

Dentro del peronismo cordobés, las tensiones son inocultables. Voces cercanas al schiarettismo denuncian “operaciones del massismo contra El Gringo” y aseguran que las críticas que circularon recientemente en redes sociales hacia el exmandatario provincial tienen sello bonaerense.
En respuesta, el entorno de Schiaretti prepara una contraofensiva comunicacional, dirigida a vincular a Natalia de la Sota con el kirchnerismo. En esa línea, ya circula nuevamente la famosa foto de la diputada junto a Alberto Fernández, cantando y tocando la guitarra, como símbolo de su cercanía con el espacio K.

El objetivo del schiarettismo es claro: instalar a De la Sota como parte del “cristinismo residual” que aún intenta tener presencia en Córdoba, un discurso que busca captar el voto antikirchnerista, mayoritario en la provincia.


La raíz del conflicto: Alternativa Federal y la elección de 2023

El enfrentamiento entre Massa y Schiaretti no nació ayer. Sus primeros desencuentros datan de 2019, cuando ambos compartieron el armado de Alternativa Federal, junto a Miguel Pichetto y Juan Manuel Urtubey.
El espacio prometía ser una tercera vía peronista, alejada de Cristina Fernández y de Mauricio Macri, pero se desmoronó tras un tenso encuentro en el Centro Cívico cordobés.
Schiaretti optó por mantener distancia del kirchnerismo y Massa, al advertir el bloqueo de su proyecto, terminó aliándose nuevamente con el PJ nacional.

La revancha quedó pendiente hasta 2023, cuando Massa, ya como candidato presidencial de Unión por la Patria, culpó directamente a Schiaretti de su derrota.
Según su entorno, si el cordobés hubiera bajado su candidatura, los 6,7% de votos obtenidos por Hacemos por Nuestro País podrían haberle permitido al tigrense ganar en primera vuelta frente a Javier Milei.
Los números son elocuentes: Massa obtuvo el 36,6%, Milei el 29,9%, y Schiaretti el 6,7%. Sin embargo, no hay evidencia de que esos sufragios hubieran migrado automáticamente al bonaerense.


Natalia también tiene cuentas pendientes

Natalia de la Sota, por su parte, no perdona a Schiaretti haberla dejado fuera de la fórmula provincial en 2023. Asegura que el exgobernador bloqueó su candidatura a vicegobernadora, eligiendo en cambio a Myrian Prunotto, de menor conocimiento público.
Desde entonces, la hija del histórico José Manuel de la Sota se distanció del PJ cordobés y se refugió en el massismo, donde encontró apoyo político y mediático.

Del otro lado, Schiaretti no oculta su fastidio: considera que tanto Massa como Natalia representan una corriente kirchnerista encubierta, algo intolerable para el exmandatario, que construyó su identidad política precisamente en la antítesis del kirchnerismo.


Córdoba, otra vez el tablero del peronismo

La tensión entre los tres actores —Massa, Schiaretti y De la Sota— tiene un nuevo capítulo en las legislativas del 26 de octubre, cuando Córdoba elija nueve diputados nacionales.
Hasta hace pocas semanas, el armado de Natalia amenazaba con restarle votos a Schiaretti y abrirle el camino a un triunfo libertario. Sin embargo, los errores no forzados del gobierno de Milei y la falta de estrategia de La Libertad Avanza parecen haber reconfigurado el escenario.

Hoy, según la mayoría de las encuestas, el frente Provincias Unidas (que impulsa Schiaretti) lidera la intención de voto por unos 10 puntos sobre los libertarios, con De la Sota en tercer lugar y Ramón Mestre (UCR) cuarto, peleando por alcanzar una banca.
No obstante, los analistas advierten que el voto cordobés es cada vez más volátil y que la reticencia a responder encuestas puede alterar cualquier pronóstico.


La mirada de las encuestas

El consultor Lucas Romero, de la firma Synopsis, plantea que la fragmentación política cordobesa es inédita.
“Podría haber cuatro fuerzas superando los dos dígitos de votos, algo que no ocurría desde hace más de una década”, explicó.
Romero destaca que Schiaretti lidera con algo más de un tercio de los apoyos, beneficiado por la dispersión de la oferta a derecha (LLA, UCR, PRO) y a izquierda (De la Sota, Carro, Olivero).

Sin embargo, el analista advierte que su mayor debilidad está entre los jóvenes, los votantes de clase media-alta y el sur provincial, mientras conserva fuerza entre mujeres, mayores de 50 años y sectores populares urbanos, especialmente en la capital.


Una elección con cuentas pendientes

La elección del 26 de octubre no solo definirá bancas: será un nuevo termómetro de poder dentro del peronismo cordobés.
Massa busca revancha; Natalia, consolidarse como heredera política de su padre; y Schiaretti, reafirmar su liderazgo provincial frente a los intentos de intervención externa.

Todo indica que el duelo entre estos tres protagonistas promete dejar secuelas que irán mucho más allá de una simple elección legislativa.
En Córdoba, las heridas del peronismo siguen abiertas, y esta vez, cada voto puede ser leído también como una pieza más en la larga historia de traiciones y alianzas rotas que definen al justicialismo cordobés.

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