La batalla en la Capital: una banca libertaria en riesgo y el nuevo mapa político que inquieta a todos

Una encuesta reservada en poder del Panal muestra a Juan Schiaretti con más de 20 puntos de ventaja y un escenario electoral que reconfigura las estrategias de todas las fuerzas. La caída libertaria, el repunte de Natalia de la Sota y el dilema de Llaryora ante el avance interno.

El escenario político en la ciudad de Córdoba volvió a sacudirse esta semana. Una encuesta reservada, que circula entre los principales despachos del Palacio 6 de Julio y en el Panal, encendió las alarmas: Juan Schiaretti supera el 40% de intención de voto en la Capital y aventaja por más de 20 puntos al candidato libertario que responde a Javier Milei. El dato, más allá del número, obliga a recalcular todas las estrategias de campaña de cara al 26 de octubre.

“En este gobierno hay una máxima: hay que trabajar como si estuviéramos empatados o debajo”, repiten cerca de Martín Llaryora. Pero los números de este sondeo —uno de los más exhaustivos que se conocen— muestran un escenario inesperado, muy distinto al que hasta ahora circulaba en los medios y en los comandos de campaña.

Cuando los datos se conocieron, algunos intentaron guardarlos bajo llave. El estudio incluye el detalle de seccionales, imagen de dirigentes y proyecciones por territorio. El resultado es claro: Schiaretti crece y consolida su espacio “Provincias Unidas” como la fuerza más competitiva en la Capital, mientras que el voto libertario se desinfla a una velocidad preocupante.


El derrumbe libertario

Hasta hace apenas unas semanas, La Libertad Avanza soñaba con obtener cinco bancas por Córdoba. Hoy, pelea por mantener una. La posibilidad de que Laura Rodríguez Machado renueve su lugar en el Congreso es incierta.

Los libertarios pasaron de encabezar la carrera en los primeros sondeos a luchar por sostener un piso de 20 puntos. “El nivel de desesperación del Gobierno nacional es total. Nos llaman todos los días. Quieren que nos bajemos. Ya es tarde”, reconoció, con evidente malestar, un dirigente libertario que se mantiene al margen de las órdenes del presidente Milei.

En Córdoba, el electorado que fue fiel al discurso liberal empieza a mostrar cansancio. Los temas nacionales, el desgaste de la gestión y las contradicciones internas del espacio erosionan la base que Milei supo construir. Como ironizó un funcionario del Panal: “Parece que se apaga la llamita, pero no la kirchnerista… esta vez es la llamita libertaria en Córdoba”.


El efecto Natalia de la Sota y el dilema Llaryora

Mientras el oficialismo provincial celebra el envión de Schiaretti, otra figura comienza a ganar terreno: Natalia de la Sota. La diputada, que combina un mensaje crítico hacia el Gobierno nacional con una identidad peronista más progresista, estaría alcanzando los 15 puntos, especialmente en zonas periféricas de la Capital.

Su crecimiento no pasa inadvertido para Llaryora. “Si Natalia llega a superar los 15 puntos, Martín no podrá impedir sus intenciones de ser candidata para la ciudad en 2027”, deslizan en los pasillos del Panal. Aunque falte tiempo, el resultado de octubre puede marcar el inicio de una interna silenciosa dentro del cordobesismo.

La frase de un operador resume el clima interno: “El viejo está intacto”. En el entorno de Schiaretti lo dicen con una mezcla de orgullo y alivio. La figura del exgobernador sigue siendo la más sólida del espacio, incluso por encima del liderazgo que intenta consolidar el actual mandatario.


Ramón Mestre y el radicalismo en busca de aire

Más atrás en las encuestas aparece Ramón Mestre, quien ronda el 8% de intención de voto, repitiendo su performance de la última elección provincial. El exintendente intenta rearmar un discurso opositor, pero los números lo muestran lejos de disputar protagonismo.

Un radical cercano a su entorno fue contundente: “Ya no habrá ningún integrante de Juntos por el Cambio en el Congreso cordobés que se viene. Tanto Provincias Unidas como los libertarios enterraron esa posibilidad”.

El radicalismo, que alguna vez dominó la Capital, observa ahora cómo la escena se reparte entre el peronismo schiarettista, el progresismo de Natalia de la Sota y un liberalismo en crisis.


La quinta banca en disputa

El gran interrogante que desvela a todos es quién se quedará con la quinta banca por Córdoba. Con Provincias Unidas superando los 40 puntos y La Libertad Avanza cayendo de los 20, esa banca pendular podría definir no solo una elección, sino también un rumbo político.

Si los libertarios terminan por desinflarse y De la Sota sostiene su crecimiento, la diputada podría consolidarse como una referencia capaz de disputar poder dentro del peronismo cordobés. En ese escenario, el oficialismo tendría que decidir si contenerla o dejarla crecer.


El voto en las seccionales y la sorpresa del sur

El relevamiento muestra un dato que preocupa a todos los comandos de campaña: el comportamiento electoral en las seccionales del sur de la ciudad. Allí, donde el voto libertario fue dominante en las últimas presidenciales, hoy aparece una tendencia clara hacia el “azul peronista”.

Schiaretti supera el 43% en la mayoría de las seccionales tradicionales, mientras que De la Sota crece en las barriadas populares con un discurso más empático y crítico del modelo económico nacional. “La ven a ella capitalizando el enojo con el modelo”, explica un encuestador.

Un puntero político sintetiza la inquietud general: “Mirá si en lugar de poner un presidente para 2027 terminamos con una candidata a intendenta que continúe a Passerini”.


A pocas semanas de las elecciones, el mapa político de Córdoba Capital cambió de color. El schiarettismo recupera terreno, el radicalismo resiste con dificultad y el liberalismo se desangra en su propio bastión. En medio de ese proceso, Natalia de la Sota emerge como la sorpresa de una campaña que, lejos de definirse, promete nuevos capítulos.

El 26 de octubre no solo se definirán bancas. Se pondrá a prueba el liderazgo de Llaryora, la vigencia de Schiaretti y la verdadera dimensión del fenómeno Milei en una Córdoba que, una vez más, se perfila como el termómetro político del país.

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