Aunque la Provincia logró sostener el equilibrio fiscal en la primera mitad del año, el resultado financiero cayó un 45% en términos reales. El gasto crece a ritmo electoral, mientras los ingresos apenas se recuperan del golpe inflacionario.

Las cuentas públicas de Córdoba comienzan a mostrar los límites del modelo de equilibrio que el peronismo local convirtió en emblema. En la primera mitad de 2025, el Gobierno de Martín Llaryora logró mantener el superávit financiero, pero el margen se redujo considerablemente: los gastos crecieron mucho más rápido que los ingresos, y el resultado real se achicó un 45% respecto al año pasado.
El dato, contenido en el informe de ejecución presupuestaria del primer semestre, confirma que el contexto nacional de recesión e inflación sigue impactando sobre las finanzas provinciales. Los ingresos corrientes del sector público no financiero –que abarca la administración central, las empresas estatales y el Apross– alcanzaron los $6,70 billones, con un crecimiento nominal del 67,1% y una mejora real del 5,9% frente al mismo período de 2024.
Sin embargo, el gasto fue mucho más dinámico.
El gasto corre más rápido que los ingresos
Las erogaciones corrientes treparon un 83,2% nominal, lo que representa un incremento real del 16,1%. En total, el gasto alcanzó los $5,76 billones, lo que redujo de manera sensible el margen fiscal que el oficialismo venía mostrando en sus balances. A pesar del discurso de “orden administrativo” que sostiene el Panal, el gasto fue imparable incluso en medio de los ajustes aplicados en diversas áreas.
El ahorro corriente, que mide la diferencia entre ingresos y gastos operativos, fue de $936.513 millones, apenas un 8,4% superior al del año pasado, muy por debajo del aumento general de precios. Es decir, el superávit se mantiene “en verde” en los papeles, pero con un margen cada vez más delgado.
El principal componente del gasto sigue siendo el pago al personal estatal, que totalizó $2,03 billones, con un crecimiento del 76,1% nominal y una suba real del 11,6%. La masa salarial comenzó a recuperar poder adquisitivo desde mediados de 2024, y ese arrastre se trasladó de lleno a los primeros meses del año electoral.
A su vez, las inversiones también mostraron un repunte. Los gastos de capital sumaron $483.384 millones (un 19,8% real más), impulsados por la obra pública, que alcanzó los $388.452 millones. Una señal de que el año electoral dejó su huella en la ejecución presupuestaria.
Superávit bajo presión
El resultado financiero global –la diferencia entre ingresos totales y gastos totales– fue de $553.681 millones, lo que implica una caída nominal del 13,8% respecto al año pasado y una baja real cercana al 45%.
“El equilibrio se mantuvo, pero ya no sobra como antes”, reconocen en el Panal.
El déficit previsional sigue siendo un dolor de cabeza estructural. La Caja de Jubilaciones registró aportes por $993.931 millones, mientras que las prestaciones demandaron $1,24 billones. La diferencia fue cubierta con recursos del Tesoro provincial.
En el plano financiero, Córdoba redujo su nivel de endeudamiento respecto de 2024, cuando la devaluación y una inflación superior al 200% complicaron todas las cuentas. En el primer semestre de este año, las fuentes financieras sumaron $330.688 millones, frente a $465.831 millones del mismo período anterior.
De todas maneras, la deuda en dólares sigue siendo una exposición riesgosa.
Críticas por el ritmo del gasto y la deuda
El vocal del Tribunal de Cuentas por el Frente Cívico, Beltrán Corvalán, advirtió sobre el deterioro del resultado financiero y el incremento del gasto corriente.
“El superávit pasó de representar casi el 20% en el primer trimestre a solo el 7,6% al cierre del segundo. La caída es significativa”, señaló. Según el juecista, buena parte de esa suba responde a los Servicios no Personales, que pasaron de $175 mil millones a $457 mil millones, categoría donde suelen agruparse subsidios y transferencias electorales.
Corvalán también alertó sobre la alta exposición en moneda extranjera: “Más del 90% de la deuda está en dólares, lo que deja siempre a la Provincia al borde del descalce porque recauda en pesos. Con un dólar que pasó de $1.003 a $1.450 en seis meses, el riesgo es evidente”, sostuvo.
Ingresos con sabor a poco
En materia de recaudación, los tributos provinciales –Ingresos Brutos y Sellos– crecieron un 68,9% nominal (7% real), mientras que la coparticipación nacional subió un 58,1%, apenas por encima de la inflación. En conjunto, los ingresos tributarios mejoraron solo un 1,3% real, un ritmo insuficiente para acompañar el aumento del gasto.
El contraste lo dieron los ingresos no tributarios, que crecieron un 124,7% nominal (42,4% real), impulsados por el salto de las tasas retributivas de servicios –como la Tasa por Servicios de Vigilancia, que recaudó $13.118 millones– y por la expansión de los fondos específicos creados por la gestión Llaryora.
El Fondo Solidario de la Caja recaudó $133.546 millones (frente a $83.995 millones en 2024), y el Fideicomiso para el Desarrollo Agropecuario (FDA) pasó de $44.838 millones a $136.215 millones.
“Se mantiene el equilibrio, pero con esfuerzo”
Desde el Gobierno provincial explicaron que el crecimiento del gasto en 2025 responde a una “base de comparación muy baja” y al impulso de “la inversión social en salud, educación y protección a los sectores vulnerables”, en medio de un “contexto socioeconómico desafiante”.
El propio ministro de Economía, Guillermo Acosta, sostiene que el equilibrio se logró “sin descuidar la inversión social y la obra pública”.
Sin embargo, algunos economistas advierten sobre el costo de mantener el equilibrio a fuerza de más presión fiscal.
El analista Franco Jular, integrante del equipo económico de la Lista 3 que encabeza Ramón Mestre, consideró que “Córdoba repite el patrón de los últimos años: el gasto crece más que los ingresos, pero se sostiene el superávit. El problema es que esto se logra aumentando la presión tributaria, lo que termina afectando la competitividad provincial frente a Santa Fe o Entre Ríos”.
Jular reclamó una “baja coordinada de impuestos distorsivos” y apuntó que el desafío de la gestión provincial será mantener el equilibrio sin asfixiar la actividad privada, en un país que aún no termina de salir del shock inflacionario de 2024.
El superávit cordobés sobrevive, pero cada vez con menos oxígeno. La combinación de recaudación estancada, gasto creciente y deuda dolarizada pone en tensión el equilibrio que durante años fue bandera del PJ local. Llaryora logra sostener el orden fiscal, pero con un margen cada vez más delgado y un ojo puesto en la campaña electoral, donde el número final del Excel puede valer tanto como un voto.
