El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, decidió ponerse al frente de la campaña electoral y desempolvó la maquinaria que le dio resultado en los comicios del 2023: el operativo “casa por casa”, un esquema de saturación territorial que combina recorridas barriales, llamados telefónicos y una fuerte presencia en redes sociales.

La decisión llega en un momento clave. Juan Schiaretti subió el tono de sus críticas al presidente Javier Milei, asegurando que el plan económico libertario “fracasó rotundamente” y que pedir un salvataje a Estados Unidos es “la muestra de ese fracaso”. En declaraciones a medios nacionales, el exgobernador sostuvo que el modelo de Milei se sostiene en “la timba financiera” y advirtió que ese camino “solo hace sufrir a la gente”. Las declaraciones apuntaron, de manera indirecta, al ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo.
El operativo territorial
Con este telón de fondo, Llaryora ordenó reactivar la maquinaria electoral que, según el llaryorismo, fue decisiva para torcer resultados en distintas contiendas recientes: la victoria sobre Luis Juez en la gobernación, el triunfo de Daniel Passerini sobre Rodrigo de Loredo en la municipalidad capitalina y la llegada de Guillermo de Rivas a la intendencia de Río Cuarto. En todas ellas, la oposición había arrancado con ventaja.
El gobernador lo resume con una consigna clara: “militar hasta que duelan los huesos”. La instrucción no admite excepciones, ni siquiera para ministros de primera línea. El principal objetivo es evitar la fuga de votos de Schiaretti hacia Natalia de la Sota, quien intenta abrirse paso en el electorado peronista con un apellido de peso.
La estrategia: blindar a Schiaretti y contener a Milei
Desde El Panal, la sede del Gobierno provincial, descuentan que la candidatura de De la Sota llegará debilitada a las últimas semanas de campaña por efecto de la polarización entre Schiaretti y Milei. En ese marco, el oficialismo cordobés busca retener a todo el electorado del exgobernador y proyectar un crecimiento sobre los votantes del extinto Juntos por el Cambio.
La apuesta central pasa por sumar a los intendentes radicales y vecinalistas, que ya trabajan bajo el paraguas de Provincias Unidas, el armado político que contiene al schiarettismo y sus aliados. El objetivo: evitar que los votos que Patricia Bullrich obtuvo en la primera vuelta de 2023 migren hacia la boleta libertaria.
En este punto, en el Gobierno provincial relativizan la fuerza del candidato cordobés de Milei, Gonzalo Roca, aliado de Gabriel Bornoroni. “Más allá del núcleo duro libertario, nadie lo conoce”, sostienen en el entorno de Llaryora.
Los números que pesan
Las cifras de las elecciones de 2023 marcan el tablero actual: Milei cosechó 773.400 votos en Córdoba; Schiaretti, 667.400; Bullrich, 521.300; y Massa, 309.000. Con ese antecedente, el desafío para Schiaretti es doble: retener a su base electoral y, además, sumar alrededor de 43.600 votos adicionales para alcanzar el 35% en un escenario de participación baja (en torno al 65%). Ese porcentaje sería clave para que Provincias Unidas logre, bajo el sistema D’Hont, quedarse con cuatro bancas en Diputados.
Un peronismo pragmático
El operativo “casa por casa” no solo busca blindar a Schiaretti. También representa la consolidación de Llaryora como jefe político de un peronismo pragmático, capaz de tender puentes con intendentes radicales y vecinalistas para sostener un proyecto común frente al avance de Milei y la dispersión opositora.
Mientras Schiaretti busca instalarse en la escena nacional como la voz crítica contra Milei, Llaryora se encarga de garantizar que esa voz siga teniendo volumen en Córdoba. La fórmula ya es conocida y, según confían en El Panal, todavía tiene combustible para una nueva campaña.
