En Córdoba, la cuenta regresiva hacia las elecciones legislativas del próximo 26 de octubre no tiene como eje a los tradicionales indecisos, sino a un nuevo actor político que inquieta a todos los armadores: los votantes enojados. Consultores y dirigentes coinciden en que el verdadero termómetro de los comicios no pasa tanto por la indecisión, sino por la reacción de aquellos heridos en la conformación de listas, desplazados en las negociaciones internas o desencantados con sus espacios políticos.

El voto del despecho, advierten, puede convertirse en un factor determinante y producir efectos difíciles de calcular en cada frente.
Provincias Unidas: más Schiaretti, menos marca
En el oficialismo provincial, rebautizado como Provincias Unidas, la apuesta de campaña es clara: poner a Juan Schiaretti en primer plano y dejar en segundo plano la marca. Los estrategas reconocen que el sello no terminó de seducir al electorado que acompañó históricamente al cordobesismo.
Sin embargo, las tensiones internas son inocultables. El desplazamiento de Natalia de la Sota sigue generando ruido en sectores del peronismo que todavía no digieren la decisión. El temor de la mesa chica de Schiaretti es que la candidatura de la hija del histórico José Manuel de la Sota termine capitalizando ese enojo y restándole votos al espacio.
Al mismo tiempo, el kirchnerismo corre por izquierda a De la Sota, recordándole su voto en el recorte a los jubilados durante la pandemia, cuando ocupaba una banca en la Unicameral con mayoría automática schiarettista. Un frente que lejos de cerrarse, suma flancos abiertos.
Radicalismo: Mestre, entre la apatía y la fuga de votos
En la Unión Cívica Radical, la bronca se respira puertas adentro. La lista encabezada por Ramón Mestre no genera entusiasmo y muchos correligionarios admiten en privado que votarán “con la nariz tapada”.
El dilema para los radicales no pasa solo por la apatía: el voto libertario amenaza con llevarse parte de ese electorado desencantado y fortalecer a la sociedad entre Luis Juez y Bornoroni. El interrogante, en este caso, es si la oferta de García Elorrio tendrá algún grado de utilidad o quedará como un testimonio sin volumen real.
PRO: fracturas que no cicatrizan
El PRO cordobés atraviesa su propia crisis. La imposibilidad de que dirigentes como Oscar Agost Carreño y Héctor Baldassi confluyeran en una misma lista expuso las fracturas de un partido que no logra consolidar unidad.
La situación refleja también el debilitamiento de Mauricio Macri, quien a nivel nacional no puede ordenar ni siquiera con un tuit la interna de su propio espacio. Córdoba, históricamente un bastión macrista, hoy muestra un PRO fragmentado y resentido.
Libertarios: marca fuerte, candidatos débiles
El esquema libertario corre con la ventaja de tener una marca potente –el sello de Javier Milei–, pero enfrenta el problema inverso al cordobesismo: candidatos desconocidos.
En un gobierno nacional que acumula cuestionamientos por mala praxis, improvisación e incluso sospechas de corrupción, la promesa de sumar “gente nueva” dejó de ser un capital atractivo. A eso se suma el malestar por la lapicera de Gabriel Bornoroni, que todavía genera resentimiento en la militancia.
Mientras tanto, el sector cordobés ligado a Santiago Caputo permanece en silencio, pero con la mira puesta en diciembre: prepara desembarcos y acumula material para explotar tras el resultado electoral.
El peso del enojo
En definitiva, lo que se juega en Córdoba este 26 de octubre trasciende la clásica división entre indecisos y convencidos. El voto “castigo” o “a la contra” podría marcar la diferencia en una elección signada por heridas internas, liderazgos en disputa y broncas acumuladas.
Los consultores lo saben: no se trata de conquistar a los indecisos, sino de contener a los propios enojados. Y en ese terreno, todos los espacios llegan con deudas pendientes.
