Escucho a Schiaretti recorrer el país con discursos en los que promete soluciones mágicas para combatir la pobreza en Argentina, y no puedo dejar de preguntarme: ¿por qué no aplicó esas recetas en Córdoba durante sus años de gobierno?

En la Legislatura provincial ingresamos un proyecto expresando nuestra profunda preocupación por los niveles estructurales de pobreza que hoy padecemos los cordobeses. Después de 26 años de gestión peronista, la realidad es que uno de cada tres cordobeses está bajo la línea de pobreza, y casi el 5% vive en la indigencia. Según los últimos datos del INDEC, Córdoba tiene índices de pobreza similares a los del Gran Buenos Aires, una de las regiones más golpeadas del país.
Este no es un fenómeno nuevo ni producto de una coyuntura puntual. Es el resultado de un modelo político que priorizó el gasto político, el armado de grandes estructuras burocráticas y la publicidad oficial, mientras relegaba los problemas de fondo: empleo, salarios, vivienda y servicios básicos. Córdoba retrocedió de ser una provincia productiva y pujante a compartir los mismos indicadores de pobreza que los distritos más postergados de la Argentina.
La situación habitacional es un ejemplo claro. Hoy existen más de 238.000 hogares con déficit habitacional, y más de 106.000 familias pobres viven en viviendas precarias, muchas sin baños o con instalaciones sanitarias en condiciones indignas. Esto no es casualidad: es el reflejo de un Estado provincial que durante años recaudó impuestos, tarifas y tasas impagables, pero no devolvió nada en calidad de vida a los ciudadanos.
Mientras tanto, el mismo gobierno provincial que habla de salarios dignos en campaña mantiene programas como el PPP que condenan a miles de jóvenes a cobrar sueldos de pobreza. Ese doble discurso es una burla: hacia adentro aplican políticas que precarizan y empobrecen, y hacia afuera venden un relato de progreso que no existe.
Por eso afirmo, sin rodeos: mienten en Córdoba, y ahora pretenden mentirle a todo el país. No se puede prometer soluciones nacionales cuando se ha fracasado en lo esencial a nivel provincial. La pobreza estructural que hoy padecemos es responsabilidad directa de quienes gobernaron la provincia durante más de dos décadas sin voluntad real de cambiar esta situación.
El verdadero desafío es asumir la verdad: Córdoba necesita un cambio profundo, no relatos de marketing. Y ese cambio empieza por reconocer que el modelo actual está agotado, que no combatió la pobreza y que solo sirvió para sostener un poder político a costa de la gente.
