
El gobernador Martín Llaryora insiste en defender lo que llama el “Modelo Córdoba”. Pero cada vez que lo escucho repetir ese eslogan, no puedo evitar preguntarme: ¿de qué modelo habla? ¿Del que vende en la televisión con discursos prolijos y publicidades millonarias, o del modelo real que sufrimos a diario los cordobeses?
Porque el “modelo real” es otro. Es el que expulsa a médicos, maestros, policías y jubilados a la pobreza con salarios que ya no alcanzan para cubrir la canasta básica. Es el que obliga a miles de familias a endeudarse o dejar de pagar impuestos porque la presión fiscal y los impuestazos los asfixian. Es el que condena a los trabajadores y a los pequeños comerciantes a hacer malabares cada mes para llegar a fin de mes.
Ese “modelo” es también el que convive con una inseguridad creciente que le quita la tranquilidad a cada barrio; el que acumula la deuda en dólares más alta del país, hipotecando el futuro de varias generaciones; el que mantiene organismos públicos cerrados a cualquier control, sin rendición de cuentas ni transparencia.
Y es, además, el modelo que oculta la corrupción bajo la alfombra. Un Estado provincial que se escuda en la propaganda para tapar sus falencias y que, cuando aparecen denuncias graves, responde con silencio, complicidad o persecución a quienes se atreven a investigarlas.
Mientras tanto, la pobreza golpea como nunca antes en Córdoba. Esa es la postal real de este supuesto modelo exitoso que el oficialismo pretende exportar al país. Un modelo donde incluso persisten sospechas sobre el propio funcionamiento institucional, con denuncias de irregularidades en los padrones electorales y casos en los que “votan los muertos” mientras se cierran espacios de control como la Legislatura y el Tribunal de Cuentas.
Gobernador, no mienta más. No nos subestime. Los cordobeses vemos y vivimos todos los días las consecuencias de este modelo agotado. No alcanza con publicidades caras ni con frases ensayadas para maquillar una realidad que duele: Córdoba tiene hoy uno de los índices de pobreza más altos del país.
Si de verdad queremos un modelo para mostrar al país, empecemos por construir uno que garantice trabajo digno, salarios justos, transparencia institucional y seguridad para nuestra gente. Todo lo demás es solo marketing.
