Córdoba, la encrucijada de los gobernadores radicales

La política argentina atraviesa una etapa de fuertes reconfiguraciones, y Córdoba se ha convertido en el epicentro de una tensión silenciosa que sacude a los gobernadores radicales. La reciente creación de Provincias Unidas (PU), liderada por el exgobernador Juan Schiaretti, obliga a los mandatarios provinciales de la Unión Cívica Radical (UCR) a transitar un delicado equilibrio entre su participación en un armado nacional opositor al gobierno de Javier Milei, y la lealtad hacia sus correligionarios en el territorio cordobés.

Un delicado juego a dos tableros

La encrucijada es clara: los gobernadores radicales respaldan a Schiaretti en el plano nacional, buscando construir un polo de poder federal que les permita disputar con el oficialismo libertario, pero al mismo tiempo deben cuidar sus vínculos con el radicalismo local, donde la candidatura de Ramón Mestre —con la histórica Lista 3— se presenta como una apuesta identitaria del partido.

La reciente visita del gobernador santafesino Maximiliano Pullaro a Río Cuarto para mostrarse junto al peronismo local, como anticipó el portal Diario Alfil, generó malestar en la militancia radical del sur provincial. Tanto fue el ruido interno, que trascendió que Pullaro no volvería a pisar suelo cordobés hasta después de las elecciones legislativas de octubre.


La presión de las fotos y el peso de los gestos

El caso de Pullaro no es aislado. Días antes, el gobernador jujeño Carlos Sadir había viajado a Córdoba para participar del acto de lanzamiento de PU junto a Schiaretti, pero antes hizo escala para tomarse una foto con Mestre, candidato a diputado nacional por el radicalismo. Estas imágenes —aparentemente inofensivas— evidencian la tirantez que atraviesan los gobernadores radicales: en Buenos Aires, la disputa con Milei demanda unidad, pero en Córdoba, cada gesto puede ser interpretado como una traición.

La elección legislativa de octubre, nacionalizada tras los resultados en Buenos Aires, ha intensificado la puja. Los gobernadores, que buscan consolidar sus distritos y proyectar influencia nacional, deben ahora maniobrar en un territorio donde la lógica provincial no siempre acompaña las estrategias federales.


Valdés, el último en sumarse, y la interna radical cordobesa

El correntino Gustavo Valdés fue el último en sumarse a Provincias Unidas, tras el destrato que recibió de La Libertad Avanza antes de los comicios en su provincia, donde terminó relegando a los libertarios al cuarto lugar. En Córdoba, su representación está en manos de Javier Bee Sellares, quien decidió alinear su tropa local con la campaña de Mestre, marcando distancia de Generación X, el armado que impulsa el diputado nacional Rodrigo de Loredo.

Esta jugada expone una fractura: mientras parte del radicalismo cordobés apuesta a consolidar una nueva camada de liderazgos, otra sostiene la tradición partidaria y respalda a Mestre como bandera histórica de la UCR.


Pullaro se baja de la Región Centro

La incomodidad se reflejará esta semana en las actividades institucionales de la Región Centro, que integran Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba. Pullaro y el entrerriano Rogelio Frigerio cancelaron su participación en la apertura de las Jornadas de Desarrollo Productivo y Competitividad de la Región Centro y Corredores Bioceánicos, que se realizarán desde este martes hasta el jueves en el Centro de Convenciones Córdoba.

El único gobernador presente será Martín Llaryora, actual presidente pro témpore del organismo regional, quien encabezará el acto de apertura en representación del sector público. Llamativamente, el martes también está previsto un discurso de Schiaretti, en su carácter de candidato a diputado nacional por Córdoba.

Además, el miércoles se reunirán en la Legislatura de Córdoba veinte legisladores —diputados y senadores de Santa Fe y Entre Ríos— que integran las comisiones de producción de sus provincias, para coordinar acciones de fomento productivo y fortalecer la integración regional.


Un tablero que incomoda

La doble pertenencia de los gobernadores radicales —como miembros de una liga de gobernadores federales y como referentes partidarios— los deja en una posición incómoda en Córdoba. Cada paso, cada foto, cada ausencia, puede interpretarse como una señal política.

En ese escenario, la construcción de Provincias Unidas, concebida como plataforma nacional para disputar poder frente a Milei, amenaza con erosionar los delicados equilibrios internos del radicalismo. Córdoba, más que un territorio aliado, se ha convertido en una encrucijada: un lugar donde los gobernadores radicales deben elegir entre jugar para el proyecto federal de Schiaretti o cuidar la identidad partidaria de sus correligionarios locales.

La pulseada recién comienza, y el resultado de octubre dirá si esa cuerda floja logra sostenerse o termina por romperse.

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