Réquiem para Juntos por el Cambio en Córdoba: del 50% de los votos a la implosión final

Hace apenas cuatro años, Juntos por el Cambio (JxC) era el imbatible de la política cordobesa: obtenía la mitad de todos los votos en la provincia y marcaba el pulso opositor a nivel nacional. Hoy, el frente que alguna vez unió al PRO, la UCR y el Frente Cívico yace en ruinas, víctima de internas interminables, egos sin control y la incapacidad de adaptarse a un nuevo escenario político. El jueves pasado, en el último cierre de listas, se firmó su “certificado de defunción”.

Juntos por el Cambio: Mario Negri, Rodrigo de Loredo, Luis Juez, Luis Picat, Héctor Baldassi y Ramón Mestre.

Hace apenas cuatro años, Juntos por el Cambio (JxC) era el imbatible de la política cordobesa: obtenía la mitad de todos los votos en la provincia y marcaba el pulso opositor a nivel nacional. Hoy, el frente que alguna vez unió al PRO, la UCR y el Frente Cívico yace en ruinas, víctima de internas interminables, egos sin control y la incapacidad de adaptarse a un nuevo escenario político. El jueves pasado, en el último cierre de listas, se firmó su “certificado de defunción”.

De “kilómetro cero” al derrumbe

JxC nació en Córdoba antes que en cualquier otro punto del país. En 2014, la victoria de Pedro Dellarossa en Marcos Juárez encendió la chispa que encadenó a radicales, macristas y el juecismo bajo una misma bandera. Desde entonces, la provincia se convirtió en “kilómetro cero” del frente, con victorias que rozaban o superaban el 50% en legislativas y presidenciales.

Las PASO fueron su principal mecanismo de supervivencia: ordenaban candidaturas y evitaban rupturas. En 2015, Mario Negri y Luis Juez alcanzaron más de un millón de votos cada uno en las generales. En 2017, Héctor Baldassi repitió la hazaña. En 2019, Negri volvió a pasar el millón de sufragios. Incluso en 2021, la dupla Juez–De Loredo mantuvo el histórico 50% en Córdoba.

Pero ese ciclo virtuoso comenzó a resquebrajarse.

2023: la herida mortal

La irrupción de La Libertad Avanza en la política nacional y provincial fue el punto de quiebre. En las primarias de 2023, el radical Luis Picat –alineado con Patricia Bullrich– superó a Dellarossa, representante de Horacio Rodríguez Larreta, con una diferencia contundente. La interna nacional se había replicado en Córdoba y dejó cicatrices profundas.

En las generales, el golpe fue brutal: JxC cayó al 22% de los votos, menos de la mitad de su mejor marca histórica. La lista libertaria, encabezada por la entonces desconocida María Celeste Ponce, encarnó para muchos electores un cambio más disruptivo que el que alguna vez prometió el macrismo. El frente perdió más de 630 mil votos en cuatro años. Fue la herida que nunca cicatrizó.

El final anunciado

El último capítulo se escribió el jueves pasado. Sin PASO que oficiaran de “válvula de escape” y con las negociaciones bloqueadas por egos y liderazgos cerrados, la ruptura fue inevitable. La Justicia Electoral certificó lo que la política ya sabía: el PRO y la UCR irán por caminos separados.

Oscar Agost Carreño podría encabezar una lista amarilla en soledad; Ramón Mestre liderará la lista 3 de la UCR; y el juecismo, liderado por Luis Juez, ya selló su pase a La Libertad Avanza. Los socios menores, como la Ucedé, se replegaron a candidaturas testimoniales.

De motor opositor a ejemplo de desgaste

En menos de una década, Juntos por el Cambio pasó de ser la maquinaria electoral más eficaz de Córdoba a un mosaico de partidos dispersos. La paradoja es amarga: el frente que nació denunciando la “casta política” terminó repitiendo las mismas prácticas que decía combatir —liderazgos eternizados, candidaturas cerradas y movimientos que, según sus críticos, facilitaron el avance del peronismo—.

Hoy, el “kilómetro cero” es apenas un recuerdo. Y el réquiem de JxC en Córdoba no es solo el final de una alianza: es la demostración de que en política, los frentes se rompen no solo por sus enemigos externos, sino por las batallas que no saben librar puertas adentro.

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