En un discurso cargado de simbolismo en la Exposición Rural, el presidente Javier Milei anunció una baja significativa de las retenciones al campo, en línea con una demanda histórica del sector agroexportador. La decisión tiene implicancias económicas, políticas y electorales de alto impacto.

En el escenario central de la tradicional Exposición Rural de Palermo, y al estilo de Carlos Menem —descapotable incluido—, el presidente Javier Milei sorprendió al país y al sector agropecuario con un anuncio largamente esperado pero hasta hace horas impensado: la baja de las retenciones a la soja del 33% al 26%, acompañada por reducciones en otros productos clave como carne, maíz, girasol y sorgo. El anuncio fue hecho con el tono provocador que lo caracteriza: “La primera ley de la economía es la escasez, mientras que la primera ley de la política es ignorar esa ley. Por eso tuvo que venir un economista ortodoxo a arreglar este quilombo”.
Milei buscó mostrarse como un presidente dispuesto a cumplir lo que muchos prometieron durante años y nunca concretaron. En una jugada política arriesgada pero cuidadosamente calculada, el mandatario le habló al “corazón productivo” del país, y dejó en claro que su gobierno, a diferencia de los anteriores, no hará parches transitorios, sino “cambios permanentes”. El mensaje fue claro: esta no es una concesión aislada, sino parte de un rumbo económico sostenido en la ortodoxia fiscal y el aperturismo comercial.
El anuncio: detalles y alcance
La reducción de las retenciones a la soja —principal cultivo exportador de la Argentina— fue el golpe de efecto, pero no fue el único. Milei detalló una serie de rebajas impositivas para distintos sectores del agro:
- Carne vacuna y aviar: del 6,75% al 5%.
- Maíz y sorgo: del 12% al 9,5%.
- Girasol: de entre 7% y 5% a 5,5% y 4%.
- Soja: del 33% al 26%.
- Subproductos de soja: del 31% al 24,5%.
La medida responde al reclamo que el propio presidente escuchó días atrás en la reunión con la Mesa de Enlace, donde los representantes rurales rechazaron de plano propuestas como el bono Bopreal a cambio de parte de las retenciones. Exigieron algo más claro y directo: una baja efectiva. Y Milei, al parecer, decidió cumplir.
Un mensaje político con múltiples destinatarios
El anuncio no sólo tuvo como objetivo contentar al campo: fue también una jugada estratégica para desarticular tensiones dentro del propio oficialismo y frenar el crecimiento de sectores políticos moderados que comenzaban a construir un polo alternativo en la región núcleo. Gobernadores como Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Martín Llaryora (Córdoba) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos) venían ganando protagonismo y criticando en voz baja la falta de señales para el sector agroexportador. Con esta decisión, Milei les quita una bandera.
A la vez, refuerza su alianza con la dirigencia rural y en especial con Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural, cuya cercanía con el gobierno había sido cuestionada dentro de la Mesa de Enlace por la falta de resultados concretos. Ahora, con una baja histórica de retenciones en la mano, Pino se reposiciona internamente y también se consolida como un actor político con capacidad de interlocución real con Casa Rosada.
El riesgo fiscal y el dilema económico
El anuncio no está exento de costos. La baja de retenciones tendrá un impacto fiscal directo: se estima que significará una caída de ingresos significativa, en un contexto en el que el gobierno ya camina por la cornisa para sostener el superávit fiscal. Sin embargo, la apuesta oficial es que el beneficio llegará por otro canal: una masiva liquidación de granos retenidos en silobolsas —estimados en 12 mil millones de dólares—, que podría dar oxígeno al Banco Central y mantener el tipo de cambio controlado en la recta final hacia las elecciones de octubre.
En ese sentido, Milei parece estar privilegiando una lógica de economía política: primero asegurarse una victoria electoral que le permita luego encarar reformas más profundas. La baja de retenciones funciona como una “zanahoria” para los sectores productivos, pero también como una señal hacia los mercados: el gobierno está dispuesto a ajustar su estrategia si con ello logra robustecer su gobernabilidad.
Una apuesta a todo o nada
Al reducir las retenciones —una de las principales fuentes de ingresos del Estado nacional— Milei no sólo desafía los límites de la ortodoxia fiscal que pregona, sino que apuesta fuerte a un realineamiento político y económico en el agro. Las consecuencias están por verse: si logra movilizar las exportaciones retenidas y sostener el dólar sin sobresaltos, será un triunfo de su mirada económica. Si en cambio se profundiza el deterioro fiscal sin efectos inmediatos en la economía real, enfrentará nuevas tensiones internas y externas.
Pero más allá de los números, lo que quedó claro este sábado en Palermo es que Milei no planea esperar a que “el modelo cierre solo”: quiere que cierre políticamente, con el respaldo de sectores que históricamente fueron clave en las grandes transformaciones económicas del país.
El campo celebró. La oposición tomó nota. El mercado observa. Y Milei, fiel a su estilo, redobló la apuesta.
