Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos reactivan el bloque regional con tono electoral. La figura de Schiaretti, el modelo Córdoba y un mensaje claro al libertarismo de Javier Milei: el interior empieza a jugar en la política nacional.

En el Centro Cívico de Córdoba, donde alguna vez resonaron las decisiones del cordobesismo puro, se gestó esta semana algo más que una reunión institucional. Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos), tres gobernadores de signos partidarios diferentes, pusieron en escena una postal de federalismo que muchos ya interpretan como un ensayo general para un proyecto electoral conjunto de cara al 2027.
La excusa fue el fortalecimiento de la Región Centro, pero el trasfondo fue inequívocamente político. Con un spot de tono épico, apelando a los caudillos federales del siglo XIX —Juan Bautista Bustos, Estanislao López y Francisco Ramírez— los mandatarios provinciales trazaron un paralelismo entre el pasado y el presente: tres líderes del interior que, frente al desaire del poder central, se unen para construir una alternativa nacional.
Del reclamo institucional al discurso electoral
El mensaje no es nuevo, pero esta vez resonó con más fuerza. A las históricas demandas por subsidios al transporte, fondos para las cajas previsionales y obras de infraestructura, se sumó un reclamo que pisa fuerte en la economía regional: la eliminación de las retenciones.
“El federalismo no es una consigna vacía”, insistió Llaryora. Y fue más allá: “Somos tres gobernadores de partidos distintos y podemos trabajar juntos, sin gritar, sin agredir. Si en la Capital y en la Argentina imitaran esto, nos iría mucho mejor”. El mensaje, aunque sin destinatario explícito, tiene un blanco claro: la gestión disruptiva de Javier Milei y su política de confrontación permanente.
Pullaro también dejó frases que abonaron la idea de un armado más allá de lo institucional. “Defendemos las mismas cosas, vayamos o no vayamos en un frente electoral”, dijo, sembrando incertidumbre en el radicalismo cordobés, que lo reconoce como referente nacional. Más de uno en la UCR tomó nota: ya les pasó con Lousteau y Manes, y temen que Pullaro también termine orbitando cerca del modelo cordobés.
El factor Schiaretti: ¿candidato o padrino?
Uno de los nombres que sobrevoló la jornada fue el del exgobernador Juan Schiaretti. El santafesino lo elogió abiertamente, calificándolo como “referente y persona de consulta”. Pero en Córdoba, los rumores ya dejaron de serlo: Schiaretti encabezaría la lista de diputados nacionales en 2025, no sólo como plataforma del llaryorismo sino como gesto a los aliados provinciales que piden que el “Gringo” juegue.
“Todos lo reciben bien, valoran el Modelo Córdoba, todo bárbaro, pero quieren que juegue”, repite una fuente llaryorista con peso propio. El escenario ya parece delineado: Llaryora proyectándose a 2027 con ambición presidencial, Schiaretti preparando el terreno desde el Congreso, y un bloque regional que se prueba como espacio de síntesis entre peronistas moderados, radicales con gestión y un PRO en plena implosión.
¿Y Milei?
La coincidencia con la previa de la exposición rural no es menor. Mientras Javier Milei se prepara para su aparición en La Rural, los gobernadores del interior le marcan la cancha desde otro ángulo: el del federalismo productivo, el reclamo concreto y la unidad transversal.
El spot, la escenografía, las frases cuidadosamente medidas y los gestos compartidos pintan un escenario en movimiento. La Región Centro se transforma en laboratorio político y los límites —geográficos y partidarios— se desdibujan.
Una oposición fragmentada, un bloque que crece
El radicalismo cordobés observa con atención y cierta alarma. De Loredo sostiene la bandera de la UCR en la provincia, pero su referente nacional empieza a girar en otra órbita. Y si Frigerio termina alineándose con Llaryora y Pullaro, en un PRO fracturado, el espacio opositor en Córdoba enfrentará un dilema: competir contra un frente que representa a tres provincias y que se presenta con gestión, discurso federal y ambiciones nacionales.
Esta semana, una intendenta peronista cordobesa colocó carteles en las rutas provinciales imitando a Pullaro, exigiendo obras al Gobierno nacional. El gesto, mínimo pero simbólico, muestra cómo empieza a contagiarse una estrategia común.
De la institucionalidad a la épica, del federalismo a la estrategia electoral, lo que se vivió en Córdoba fue mucho más que una foto. Fue el prólogo de una historia que recién comienza a escribirse. Y que, si sigue tomando forma, puede cambiar el tablero político nacional en los próximos años.
