En medio de una interna que no da tregua, el presidente de la UCR Córdoba, Marcos Ferrer, lanzó duras críticas a los sectores díscolos del radicalismo. Sin nombrarlo directamente, apuntó al exintendente Ramón Mestre, a quien acusó de actuar con irresponsabilidad ante las decisiones orgánicas del partido. La disputa interna toma fuerza de cara a las elecciones legislativas de 2025, mientras el mapa opositor permanece abierto y cargado de tensiones.

La interna de la Unión Cívica Radical cordobesa atraviesa un nuevo capítulo de tensión. Marcos Ferrer, presidente del partido a nivel provincial, salió a defender el funcionamiento institucional del radicalismo y cargó con dureza contra aquellos sectores que amenazan con romper la estructura partidaria tras haber perdido peso en la conducción. El blanco de su crítica, aunque no lo mencionó directamente, fue Ramón Mestre, referente de la línea minoritaria enfrentada a la actual conducción.
“Romper es de caprichoso”, disparó Ferrer, en alusión a las amenazas de ruptura luego de que el sector mestrista quedara relegado del control del partido. “Si cada vez que una mayoría se impone, la minoría dice ‘rompo’, ya es de caprichoso. El partido tiene un congreso que toma decisiones por mayoría. Si no respetamos eso, es anarquía”, advirtió, en una clara defensa del orden interno.
Ferrer recordó que en el pasado, cuando su propio sector estaba en minoría, aceptó las decisiones sin poner en riesgo la estructura partidaria. “Nosotros no rompimos. Aceptamos el juego democrático interno. Eso es lo que se espera de cualquier dirigente que dice querer construir”, subrayó.
El radicalismo quiere liderar, no acompañar
Con la mira puesta en las legislativas del 2025, Ferrer fue enfático: el radicalismo no se prestará a ningún armado electoral donde sea actor secundario. “No formaríamos parte de un armado donde seamos actores secundarios”, afirmó, trazando una línea clara respecto al rol que pretende ocupar su partido en cualquier frente opositor.
Reafirmó que la UCR debe encabezar las listas, y mencionó a Rodrigo de Loredo como el dirigente más competitivo para ocupar el primer lugar en la nómina de candidatos a diputados nacionales. “No estamos pensando en salvar una banca. Estamos construyendo un proyecto político para gobernar la provincia”, enfatizó, desmarcándose de lógicas cortoplacistas.
También aclaró que cualquier tipo de alianza deberá ser discutida y aprobada en el congreso partidario, cuya convocatoria todavía está pendiente. Sin ese paso formal, advirtió, cualquier especulación sobre acuerdos carece de sustento real.
Distancia de LLA y Macri: “Estamos en una nebulosa”
Consultado sobre la posibilidad de alianzas con La Libertad Avanza o con sectores cercanos a Mauricio Macri, Ferrer fue cauto y tajante a la vez. “No existen conversaciones formales con nadie. Hoy estamos en una nebulosa. No podemos avanzar en acuerdos si el partido aún no definió su marco de alianzas”, explicó.
Aprovechó para cuestionar las versiones que agitan posibles acercamientos y fusiones apresuradas: “Nosotros queremos hacer un buen papel, no un papelón como en 2003”, sentenció, en referencia al desastroso desempeño electoral de ese año que dejó al radicalismo fuera del mapa nacional.
Crisis en Río Tercero: preocupación por despidos y advertencias sobre el conflicto laboral
En el plano local, Ferrer también expresó su preocupación por los 124 despidos en la planta de Petroquímica en Río Tercero, su ciudad natal. “Muchas familias quedaron golpeadas y con un futuro incierto”, lamentó. Destacó que los sueldos del polo químico se vuelcan íntegramente en el comercio local, por lo que el impacto económico será directo y profundo.
En contrapartida, destacó el crecimiento de la empresa Atanor, que atraviesa una etapa de expansión, exporta el 100% de su producción y necesita sumar nuevos clientes. “Necesitan paz en lo laboral. El dueño mira desde Estados Unidos y no entiende por qué hay paros si acá se cumple todo”, expresó, dejando entrever el malestar empresario por los conflictos sindicales.
Advirtió que el conflicto en una planta no puede ser trasladado a otras que están en pleno proceso de consolidación. “No podemos contaminar el clima de trabajo. Necesitamos preservar lo que funciona y contener lo que se desmorona”, sostuvo.
Un partido dividido pero con pretensiones de poder
Las declaraciones de Ferrer no sólo exponen la fragilidad interna del radicalismo cordobés, sino también la firme decisión de su conducción de no ceder espacios ni protagonismo. En un escenario político volátil, donde las alianzas se tejen y destejen a la velocidad de la coyuntura, Ferrer apuesta a consolidar el partido desde adentro, disciplinando a los propios antes de salir a negociar con otros.
Mientras Mestre resiste desde la minoría y explora caminos alternativos, Ferrer blinda el partido y se planta con una postura clara: la UCR no será furgón de cola ni permitirá que las decisiones orgánicas se vulneren sin consecuencias. En definitiva, el radicalismo cordobés se prepara para una nueva batalla electoral… y la disputa por el control interno es apenas el comienzo.
