En un nuevo capítulo de la tensa relación entre el Gobierno nacional y las provincias, siete gobernadores decidieron rechazar una reunión informal con el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, durante su participación en la apertura de la Exposición Rural de Palermo. El gesto fue claro: «Si el gobierno quiere dialogar, que nos convoque formalmente a la Casa Rosada», advirtieron.

El jueves, los mandatarios Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), Marcelo Orrego (San Juan), Ignacio Torres (Chubut), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Martín Llaryora (Córdoba) estarán en Buenos Aires participando de la tradicional muestra agropecuaria. La intención de la Sociedad Rural fue reunirlos en un foro con la excusa de una agenda común sobre retenciones, pero desde el Ejecutivo aprovecharon la movida para insinuar un posible reinicio del diálogo institucional. Rápidamente, desde los gobiernos provinciales salieron a bajarle el tono a esa expectativa: «No hay ninguna cumbre ni instancia formal de negociación. Esto es solo un acto protocolar», remarcaron.
Francos, quien había sido invitado al evento por el presidente de la Sociedad Rural, Nicolás Pino, pretendía utilizar el encuentro como una oportunidad para descomprimir la creciente tensión política. Sin embargo, la negativa fue contundente. Las provincias reclaman que cualquier instancia de diálogo real se dé en el marco institucional que corresponde. «La Rosada es el lugar para discutir temas serios como la coparticipación o los vetos presidenciales», dijeron fuentes cercanas a los mandatarios.
Los proyectos que crisparon los ánimos
El trasfondo del conflicto es doble. Por un lado, los gobernadores empujan dos proyectos claves que ya cuentan con media sanción del Senado y que buscan una distribución automática de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y de la recaudación por el impuesto a los combustibles líquidos. El Gobierno de Javier Milei se opone rotundamente a estas iniciativas, alegando que afectan el equilibrio fiscal y comprometen las metas con el FMI. Las provincias responden con dureza: “No mientan. Esos recursos ya son de las provincias, y lo que hace el Estado nacional es apropiárselos para maquillar su superávit”.
La posición del oficialismo no cayó nada bien en los distritos. Las declaraciones recientes de Francos —en las que acusó a los gobernadores de atentar contra la consolidación fiscal— fueron consideradas como una provocación innecesaria. Desde varios despachos provinciales señalan que no hay voluntad de diálogo real por parte del Ejecutivo, ni interés en buscar consensos para construir una mayoría en el Congreso que permita ratificar los vetos sobre el aumento a los jubilados y la ley de emergencia en discapacidad.
¿Una foto o una negociación?
La estrategia del gobierno nacional parece, por ahora, concentrarse más en la construcción de gestos políticos que en la concreción de acuerdos. Para los gobernadores, eso no alcanza. El intento de aprovechar el contexto de la Rural para una “foto de reconciliación” fracasó antes de nacer. El clima no es el de una tregua, sino el de una pulseada.
Francos, finalmente, limitaría su participación a la apertura del evento. “No hay reunión en La Rural para ese tema, es un acto protocolar, entramos, cortamos la cinta y nada más”, declaró en tono resignado a Cadena 3, bajando las expectativas de un acercamiento real con los mandatarios.
En paralelo, los gobernadores dialoguistas, muchos de ellos electos por fuerzas provinciales o por Juntos por el Cambio, mantienen su respaldo al reclamo del campo por la reducción de las retenciones. Pero esto no implica, aseguran, ningún alineamiento con el Gobierno nacional mientras no se retome el diálogo institucional.
Tensión latente, sin canal formal
El escenario deja en evidencia el deterioro de la relación entre la Nación y las provincias. La falta de una mesa de diálogo concreta, sumado a la presión fiscal centralizada y los vetos presidenciales, alimentan una creciente desconfianza. En ese contexto, los gobernadores no están dispuestos a prestarse a gestos sin contenido.
El mensaje fue claro: si Milei quiere reconstruir la relación con los jefes provinciales, no basta con una foto en Palermo ni con un corte de cinta. Hay que volver a la política con “P” mayúscula. Y esa política, recordaron desde las provincias, “empieza convocando formalmente a Casa Rosada”.
