“Siciliano, pedile a Llaryora que aprenda a trabajar por Córdoba”

Opinión | Por Miguel O. Nicolás, Legislador Provincial (Bloque UCR)

En estos días en los que el debate por los fondos nacionales y la coparticipación vuelve a estar en el centro de la escena, hay algo que me resulta tan evidente como preocupante: algunos dirigentes cordobeses parecen más enfocados en construir un relato que en defender de verdad los intereses de nuestra provincia. Y lo digo sin rodeos: Siciliano debería empezar por convencer a Llaryora de que, de una vez por todas, se ponga a trabajar por Córdoba.

Mientras desde el oficialismo provincial se llenan la boca hablando de federalismo y reclaman a la Nación lo que consideran suyo —con justa razón en algunos casos—, al mismo tiempo hacen exactamente lo contrario en nuestra provincia. ¿Cómo se puede exigir lo que uno mismo no cumple?

Recorren Córdoba con la chequera en mano, apretando a intendentes, jefes comunales y dirigentes locales para sostener un supuesto “cordobesismo” que, a esta altura, no es más que una fachada vacía. Un espacio que se presenta como opción superadora, pero que en realidad se cae a pedazos, porque está basado en la extorsión y en el reparto arbitrario de recursos que son de todos los cordobeses.

La coparticipación, en Córdoba, se utiliza como premio o castigo político. Se castiga al que no se alinea con el Gobierno provincial, y se premia al que se somete al esquema de obediencia partidaria. Y eso es inaceptable. Porque los recursos no son del gobernador, no son del PJ, ni del “cordobesismo”. Son de los cordobeses, y deben llegar a cada rincón de la provincia sin condicionamientos.

Lo que más molesta es la hipocresía. El doble discurso. Mientras se critica el ajuste nacional, en Córdoba se ajusta igual o peor. Se cierran programas, se recorta en áreas clave, se castiga a los que piensan distinto. Y al mismo tiempo, se pretende obligar a todos a sumarse a un armado político que nunca funcionó, que no entusiasma, y que solo busca mantener a flote un poder cada vez más desgastado.

Córdoba está embarrada en hechos de corrupción, y la dirigencia que debería dar el ejemplo, mira para otro lado. La mentira ya no se puede ocultar. La bomba de tiempo está ahí, latiendo en cada comuna relegada, en cada obra prometida y no cumplida, en cada vecino que ya no cree en este modelo de provincia cerrada sobre sí misma.

Es hora de sincerarnos. Y de asumir que si de verdad queremos defender Córdoba, primero tenemos que empezar por casa. Gobernar no es apretar, no es manipular, no es construir relatos marketineros. Gobernar es gestionar con honestidad, distribuir con equidad y, sobre todo, respetar a los cordobeses.

Que Siciliano le pida a Llaryora que deje las giras partidarias y se siente a trabajar. Pero no por su espacio, sino por la gente.

Deja un comentario