El gobernador cordobés vuelve a los mercados internacionales para refinanciar vencimientos clave de 2027. Busca alivianar el peso de la deuda antes de las elecciones y proyecta una reelección sin sobresaltos financieros.

En una jugada arriesgada en medio de un contexto global adverso, el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, lanzará este jueves una emisión de bonos por hasta 800 millones de dólares en los mercados internacionales. La maniobra busca refinanciar la pesada deuda que dejó Juan Schiaretti durante su gestión y que comienza a vencer en diciembre próximo. La operación se ejecutará con la expectativa de recomprar títulos por 516 millones de dólares y postergar los pagos de capital hasta 2030, esquivando así los años más sensibles de la actual administración.
La estrategia, que se ejecuta bajo jurisdicción del Estado de Nueva York, no es menor: Llaryora busca despejar el horizonte financiero justo cuando el calendario electoral comienza a marcar el pulso político hacia su intento de reelección. En marzo de 2027, Córdoba podría estar eligiendo a su próximo gobernador, y el mandatario provincial parece decidido a no llegar a esa instancia con la soga al cuello.
Un bono para salvar la campaña
El bono que se emitirá esta semana apunta a mejorar el perfil de vencimientos, comprando anticipadamente los CO24D, títulos ya reperfilados en 2021 por el propio Schiaretti. En el nuevo esquema diseñado por el equipo económico provincial, el pago del capital se trasladaría a tres cuotas anuales, iniciando en 2030, con intereses semestrales. En otras palabras, Llaryora lograría que el próximo gobernador se haga cargo del grueso de los pagos.
La medida, sin embargo, llega en un momento en el que el riesgo país argentino supera los 720 puntos básicos, muy lejos de los 400 puntos que había cuando Schiaretti contrajo la deuda original en 2016-2017, en pleno auge de la obra pública y con Mauricio Macri en la Casa Rosada. Hoy, el contexto internacional se ha tornado mucho más áspero, con dos guerras abiertas y mercados más cerrados al financiamiento soberano.
La lupa sobre la tasa
Uno de los grandes interrogantes del mercado es a qué tasa se colocará finalmente el bono. En El Panal aseguran que esperan un interés «por debajo de los dos dígitos», pero las últimas colocaciones de deuda privada en la región han cerrado en torno al 8,5%, lo que hace prever que la Provincia podría tener que aceptar una tasa cercana al 10%.
Aun así, la lógica de la jugada responde más a una necesidad política que estrictamente financiera: Llaryora necesita recursos disponibles para sostener su ambicioso programa de obra pública en 2026, el último año completo antes de la elección. Además, evitar el default o un nuevo reperfilamiento lo blindaría de cuestionamientos opositores durante la campaña.
El tiempo político lo es todo
La decisión de avanzar con la operación en este momento no es casual. Según fuentes del Gobierno cordobés, Llaryora midió que era mejor cerrar este frente antes de las elecciones en Buenos Aires y a nivel nacional de octubre, que podrían alterar el escenario macroeconómico argentino. Si los mercados se cierran aún más, el margen de maniobra de la provincia se vería gravemente reducido.
La colocación se realizará con J.P. Morgan Securities LLC y Santander US Capital Markets LLC como agentes globales, y un nutrido grupo de colocadores locales que incluye al Banco de Córdoba, Galicia, Balanz, Puente, Facimex, Becerra Bursátil, Les Cinq Capital y S&C Inversiones. La operación deberá estar completamente liquidada para el 2 de julio, dejando poco margen para sorpresas.
¿Éxito o nueva mochila?
El Gobierno insiste en que se trata de dólares «que están afuera», en alusión a que los fondos no saldrán del país ni afectarán la balanza cambiaria. Aun así, la emisión no está exenta de riesgos: si no logra colocarse una parte significativa del bono, el plan de recompra podría fracasar y el peso de los vencimientos volvería a posarse sobre el Tesoro provincial en pleno calendario electoral.
Con esta jugada, Llaryora busca algo más que oxígeno financiero: pretende garantizar la continuidad de su proyecto político sin sobresaltos económicos, capitalizando el legado de Schiaretti, pero también tomando distancia de las decisiones que hoy generan tensiones fiscales. Si le sale bien, la obra pública tendrá su brote en 2026. Si no, podría ser una mochila pesada en su carrera por seguir en el poder.
