Silencios, estrategias y juegos cruzados: el peronismo cordobés se desentiende de octubre, pero nadie deja de moverse

Mientras desde el llaryorismo minimizan la relevancia de las legislativas, el schiarettismo fortalece su estructura en silencio. A menos de cinco meses de las elecciones nacionales, el PJ de Córdoba muestra más señales de tensión interna que de unidad.

En la superficie, nadie se muestra demasiado interesado. Desde los principales espacios del peronismo cordobés —el que responde a Martín Llaryora y el que aún orbita en torno a Juan Schiaretti—, los mensajes en off the record transmiten una aparente indiferencia hacia las elecciones legislativas de octubre. Sin embargo, debajo de ese discurso descomprometido, los movimientos y reuniones internas reflejan otra historia: una interna que sigue latente, una pulseada silenciosa por el control del espacio y por la proyección a futuro.

El llaryorismo: esperar o avanzar

En el entorno del gobernador Martín Llaryora reconocen que el principal objetivo político está fijado en 2027, cuando buscará su reelección. Y desde allí construyen el relato que desestima la importancia de las elecciones legislativas de medio término. Según dejan trascender, el resultado de octubre en el plano nacional no le quita el sueño al mandatario cordobés: su preocupación, aseguran, está centrada en consolidar su gestión local y proyectar continuidad.

Pero la realidad impone otros matices. Porque si bien es cierto que la reelección es el gran objetivo, nadie en el Panal desconoce que una mala elección en octubre —especialmente en Córdoba— podría debilitar la autoridad política de Llaryora y su influencia dentro del esquema nacional. Además, contar con legisladores propios en el Congreso sería un activo valioso para defender intereses provinciales y fortalecer su figura en los próximos dos años.

Los gestos hacia Schiaretti son cada vez más distantes. En algunos sectores del llaryorismo empieza a sobrevolar el cansancio de esperar definiciones del exgobernador, y gana terreno la idea de avanzar con agenda propia, sin depender del aval de quien supo conducir con mano firme durante más de una década.

El schiarettismo: estructura y cálculo

Del otro lado, el schiarettismo tampoco está en pausa. Si bien Juan Schiaretti se muestra más concentrado en su agenda como referente nacional —con una nueva presentación en Madrid prevista para estos días—, la senadora nacional Alejandra Vigo despliega un trabajo meticuloso en el territorio cordobés. Reuniones discretas pero sostenidas con dirigentes del interior evidencian un movimiento que busca mantener viva la estructura que alguna vez fue hegemónica en la provincia.

En público se afirma que “es difícil que Schiaretti sea candidato”, pero el esfuerzo de Vigo por mantener aceitado el engranaje partidario sugiere que el espacio no está dispuesto a ceder protagonismo sin dar pelea. El hermetismo sobre los objetivos de estas reuniones alimenta las versiones de que el schiarettismo podría estar preparando un plan B o, al menos, tratando de conservar su influencia ante un eventual avance llaryorista.

Dos estrategias, una interna

Lo cierto es que, por ahora, llaryoristas y schiarettistas caminan por sendas paralelas. Sin confrontación abierta, pero también sin señales de unidad. Cada sector parece medir tiempos y movimientos, conscientes de que la interna peronista cordobesa sigue lejos de estar resuelta. Los plazos legales se acortan, y con ellos se reduce el margen para el juego ambiguo: en breve, todos deberán definir sus cartas sobre la mesa.

En el PJ de Córdoba se respira más cálculo que entusiasmo. Octubre parece no importar… hasta que importe. Porque aun cuando todos se hagan los desentendidos, las piezas se siguen moviendo. Y en política, cuando nadie dice nada, es cuando más se está diciendo.

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