En la cuenta regresiva hacia las elecciones legislativas de octubre, la Unicameral cordobesa atraviesa sesiones marcadas por escándalos, acusaciones cruzadas, teatralización del debate y una creciente exposición en redes sociales. Mientras el oficialismo denuncia la ruptura de acuerdos y la falta de respeto a la autoridad, la oposición acusa al PJ de «cercenar la palabra» y manejar el recinto con parcialidad.

Las últimas sesiones de la Legislatura de Córdoba dejaron poco espacio para el debate parlamentario tradicional y mucho para la pirotecnia verbal, los gestos simbólicos y el marketing político. En una Unicameral cada vez más polarizada, con bloques tensionados por la coyuntura y el calendario electoral, el recinto parece haber mutado en un escenario donde se prioriza el impacto en redes sociales por sobre la discusión legislativa.
Dos hechos concretos lo reflejan: la sesión especial que buscó respaldar el financiamiento universitario nacional y la ordinaria que convalidó el acuerdo por la deuda de ANSES con la Caja de Jubilaciones, quedaron opacadas por una serie de incidentes, reproches y shows que incluyeron desde gritos hasta bananas.
Un teatro político en expansión
La situación actual no pasó desapercibida ni para oficialistas ni para opositores. La frase “no voy a permitir que me falten el respeto”, repetida por la vicegobernadora Myrian Prunotto, sintetiza el clima de tensión. Las «cuestiones de privilegio», figuras destinadas a proteger el honor de los legisladores, se han vuelto moneda corriente, especialmente desde la bancada opositora.
Omar Tamis (PRO) fue directo: «Me siento avergonzado de ver en lo que se ha convertido el recinto», dijo antes de hablar sobre la Caja de Jubilaciones. Sus palabras vinieron después de una polémica sobre si se debatiría o no la confirmación de la condena a Cristina Kirchner. El radicalismo, representado por Graciela Bisotto, pidió reconocimiento al fallo de la Corte, mientras que el justicialista disidente Federico Alesandri presentó un proyecto para repudiarlo. El PJ buscó evitar el debate, lo que provocó el retiro del juecismo, que denunció la “censura” a la palabra.
Bananas, redes y la «democracia de audiencias»
Miguel Siciliano, presidente del bloque oficialista, le agregó su cuota de show. Regaló bananas a los legisladores radicales, acusándolos de “gorilas”, y al siguiente día pidió “más bananas si hacen falta”. Una escena que, lejos de apagarse, refleja la teatralización política que atraviesa el recinto.
No es casual: varios legisladores llegan acompañados de community managers, preparan carteles, filman cada intervención y producen reels para sus redes. En palabras de la politóloga Cristina Monge, estamos ante una “democracia de audiencias”, donde el contenido y la profundidad del debate se ven relegados por la necesidad de viralización.
Dos posturas en pugna
Desde el oficialismo aseguran que la oposición no respeta los acuerdos y que el radicalismo busca imponer su agenda. «Hay destrato hacia quien hoy preside», afirman desde el PJ, mientras otros justifican el estilo confrontativo de Siciliano como una estrategia de liderazgo frente a una oposición “desorganizada”.
Del otro lado, las críticas son contundentes. Walter Nostrala (Frente Cívico) denuncia que “la Legislatura tiene un problema de conducción” y acusa al oficialismo de manejar el recinto con soberbia y sin consensos. “No se respetan acuerdos mínimos”, expresó. Ferrero, presidenta del interbloque de JxC, fue aún más dura: “Se tiran bananas, no hay códigos de convivencia, no se puede trabajar así”.
Matías Gvozdenovich (UCR) denunció “parcialidad” en la conducción de Prunotto, al tiempo que señaló que nunca se les permitió debatir temas claves como Apross, la inseguridad o la situación de los jubilados en sesiones especiales.
En campaña permanente
Detrás de los gritos y la crispación subyace un objetivo político claro: instalar discursos, marcar posicionamientos y fortalecer figuras en vistas a octubre. El oficialismo busca contener su tropa, mientras la oposición intenta capitalizar cada error del gobierno provincial. Las redes sociales, con sus lógicas de impacto y viralidad, se convirtieron en parte central de esa estrategia.
“Mientras algunos trabajamos con seriedad y con la camiseta de Córdoba puesta, otros siguen apostando al show”, escribió Facundo Torres. La frase resume una grieta que, a falta de puentes, seguirá abriéndose mientras las urnas se acercan.
La Legislatura de Córdoba se ha transformado en una caja de resonancia electoral. Lo que antes eran diferencias políticas canalizadas institucionalmente, hoy se exponen con teatralidad, gritos y estrategias de marketing. La política cordobesa ya no se debate solo en el recinto: se representa para las redes, se actúa para las audiencias y se pelea, a veces con más show que fondo, por un lugar en la conversación pública.
