La Legislatura de Córdoba vivió este miércoles una jornada marcada por la tensión, los gritos y la fragmentación política, luego de que la oposición intentara sin éxito que el cuerpo legislativo se pronunciara sobre la confirmación de la condena a Cristina Fernández de Kirchner por parte de la Corte Suprema de Justicia. La falta de consenso expuso una vez más las profundas grietas entre oficialismo y oposición, y dejó en evidencia las internas dentro del propio peronismo cordobés.

La polémica se encendió desde temprano, cuando ingresaron al recinto dos proyectos con posiciones opuestas: uno impulsado por la legisladora radical Graciela Bisotto, que proponía destacar el fallo del máximo tribunal; y otro del justicialista disidente Federico Alesandri, que expresaba un rechazo a esa decisión judicial. A estos se sumó una tercera propuesta, aún más dura, del liberal Gregorio Hernández Maqueda, que directamente proponía declarar el día del fallo como “un día en que se hizo Justicia”. Este último no llegó a ser tratado por una cuestión de plazos.
La oposición denunció que el oficialismo no permitió un debate abierto y acusó al bloque de Hacemos Unidos por Córdoba de cercenar la posibilidad de que todos los legisladores se expresaran. El Frente Cívico, en señal de protesta, se retiró del recinto. Según explicó su presidente, Walter Nostrala, el gobernador Martín Llaryora habría dado órdenes a sus legisladores de no hablar del tema. “Ellos son los representantes del kirchnerismo en Córdoba y no quieren hablar”, lanzó Nostrala, al tiempo que defendió el derecho de la Legislatura a pronunciarse sobre un fallo “ejemplar”.
Desde Juntos por el Cambio, las críticas también fueron duras. El titular del bloque de la UCR, Matías Gvozdenovich, celebró el fallo de la Corte y denunció que el silencio del oficialismo se debe a sus vínculos con distintos sectores del peronismo. “Este fallo trajo alivio a los ciudadanos, esperanza de futuro en la Argentina”, dijo, mientras la presidenta del interbloque, Alejandra Ferrero, pidió que se respete el derecho de todos los legisladores a expresarse.
La única voz en defensa de Cristina Fernández en el recinto fue la del propio Alesandri, quien denunció una persecución judicial con fines políticos: “Esto es una afrenta al sistema democrático al proscribir a la dirigente más importante de este movimiento, con una condena donde se vulneran todas las garantías democráticas de nuestro país”.
Desde el oficialismo, ningún legislador tomó la palabra para referirse al fallo. Sí lo hicieron a los gritos desde sus bancas, en medio de constantes interrupciones cada vez que se aludía al gobernador Llaryora o se hablaba de vínculos con el kirchnerismo. Miguel Siciliano, presidente del bloque oficialista, fue quien finalmente mocionó para habilitar el debate, pero ya era tarde: el bloque juecista se había retirado, acusando una maniobra para evitar un pronunciamiento institucional. “Queremos que todos los bloques puedan expresarse. Pero si, pese a eso, se quieren ir, es por algo. Se van”, dijo Siciliano en un encendido discurso.
En paralelo, la Legislatura también abordó otro tema crucial: la aprobación del convenio entre Nación y Provincia para el pago de la deuda de la ANSES con la Caja de Jubilaciones de Córdoba. Aunque el debate fue más técnico, la tensión previa se mantuvo. Ricardo Sosa, del oficialismo, intentó encauzar la discusión: “Vamos a ocuparnos de cosas importantes. Este convenio es un paso para que se cumpla con las leyes y se encaucen los compromisos de Nación con Córdoba”.
Omar Tamis, presidente del bloque PRO, optó por un tono conciliador y expresó su malestar por los exabruptos de la jornada: “Me siento avergonzado por las constantes interrupciones. Ojalá este recinto pueda tratar lo que corresponde, que es el convenio y sus pagos”.
A pesar de los llamados a la moderación, la sesión terminó cruzada por acusaciones, reproches y fracturas que no solo reflejan el mapa político cordobés, sino también la nacionalización del debate en torno a la figura de Cristina Fernández. Una vez más, la Legislatura se convirtió en un espejo de la polarización que atraviesa a la Argentina.
