Diálogo y oposición: el tiempo nos apremia

El pasado viernes 6 de junio, en el plenario de la Junta Capital de Fuerza Renovadora, reafirmamos algo que sentimos como una urgencia política y ética: Córdoba necesita una alternativa. Lo digo con la responsabilidad de quien forma parte de una fuerza política histórica, pero también con la convicción de que hoy la sociedad nos reclama algo más profundo que nombres y candidaturas. Nos exige coraje, claridad y compromiso con el futuro.

Por Miguel O. Nicolás – Presidente de Fuerza Renovadora (UCR)

No lo ignoramos: la credibilidad del oficialismo provincial y del gobierno municipal capitalino está en crisis. Lo escuchamos todos los días en la calle, en las familias que ya no creen en las promesas, en los jóvenes que piensan en irse, en los comerciantes y trabajadores que sienten que el esfuerzo ya no alcanza. Es evidente que la confianza social está resquebrajada, y es la dirigencia —toda— la que debe tomar nota de ello.

Creo firmemente que el primer paso para construir soluciones reales es el diálogo honesto y amplio. Pero ese diálogo no debe confundirse con pasividad. Frente a un Gobierno que ha perdido el rumbo, es imprescindible que la oposición se constituya como una fuerza activa, crítica y propositiva, que no solo señale los errores del oficialismo, sino que construya una alternativa de gobierno con visión y con valores.

Desde Fuerza Renovadora creemos que el rol de la UCR debe ser el de un partido abierto, que convoque, que escuche, que se anime a construir en conjunto con otros sectores políticos y sociales. No podemos permitirnos el aislamiento ni el sectarismo. Hoy más que nunca, necesitamos un espacio común capaz de ofrecerle a los cordobeses un nuevo horizonte, uno que hable de esperanza, de progreso, de seguridad, de vivienda y de futuro.

La realidad nos obliga a actuar con rapidez y con responsabilidad. Las elecciones de octubre —donde elegiremos diputados nacionales— son la primera gran prueba. Pero no deben ser una meta en sí mismas. Después de octubre, debemos abocarnos a la construcción de un Plan Estratégico para Córdoba, un proyecto de mediano y largo plazo que se funde en el consenso, en la participación real y en la unidad en la acción.

Estoy convencido de que la movilidad social ascendente, el desarrollo con equidad y el crecimiento sostenido son posibles, pero no serán producto de la improvisación ni del marketing político. Solo podremos lograrlos si somos capaces de recuperar la política como herramienta transformadora, con políticas públicas serias y mecanismos de control que le devuelvan legitimidad al Estado.

Por eso, convoco a mis correligionarios, y también a los dirigentes y militantes de otros espacios políticos, a sentarnos a construir juntos. No hay lugar para la mezquindad. Tenemos una obligación con Córdoba, con nuestras instituciones y, sobre todo, con las futuras generaciones.

El tiempo nos apremia. Y como radicales, como demócratas y como ciudadanos, debemos estar a la altura de este momento histórico.

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