Barrios olvidados, gabinete desmantelado y una ciudad que reclama ser escuchada

A 500 días de haber asumido como intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Passerini enfrenta uno de los momentos más críticos de su gestión. Mientras ordena la renuncia de todo su gabinete en un intento por oxigenar una administración que se desmorona, las voces de los barrios más golpeados por la desidia estatal exigen respuestas concretas. Entre ellas, la concejal Fabiana Gutiérrez se convirtió en una de las principales denunciantes del abandono estructural y social que vive la ciudad.

La Córdoba que no se muestra: calles hundidas, escuelas en ruinas y vecinos al límite

Con la consigna “escuchar, gestionar y acompañar”, Fabiana Gutiérrez encabezó esta semana una recorrida por Barrio San Roque, un sector que, como tantos otros, quedó fuera del radar de las políticas municipales. Lo que allí encontró es un reflejo de la situación que viven muchos cordobeses: viviendas en riesgo, servicios colapsados y una creciente sensación de inseguridad.

«Que no te lo pinten, así está tu barrio», lanzó Gutiérrez, visiblemente indignada tras recorrer calles anegadas, caños rotos y pasillos intransitables.

En calles como Aviador Kingley, Güemes, Aviador Abel y Alberto Williams, más de veinte hogares enfrentan hundimientos graves provocados por roturas en cañerías de Aguas Cordobesas. La situación, además de afectar la vida diaria de los vecinos, representa una amenaza para la estructura de las viviendas y el funcionamiento del transporte público, que ya opera con serias dificultades.

Una postal especialmente alarmante se vio en la Escuela Municipal Luz Vieira. “Es increíble que en pleno 2025 tengamos instituciones educativas rodeadas de barro y peligros viales. ¿Qué mensaje le estamos dando a nuestros niños?”, cuestionó Gutiérrez, subrayando el abandono en el que se encuentra una de las principales herramientas de contención social.

La inseguridad es otro punto crítico. Vecinos denuncian zonas “liberadas”, sin patrullaje, con luminarias apagadas y bocas de tormenta sin reparar. Las demandas son concretas: iluminación urgente, reductores de velocidad, arreglos de calles y presencia policial. Pero las respuestas, dicen, nunca llegan.

«Y si en el tuyo pasa lo mismo, no te calles. Es hora de que nos escuchen», insistió Gutiérrez ante un grupo de vecinos que la recibió con reclamos y desesperanza.

Un gabinete en retirada y una gestión sin rumbo

Mientras la ciudad se deteriora, la crisis también golpea las puertas del Palacio 6 de Julio. Daniel Passerini ordenó la renuncia masiva de todo su gabinete, en lo que oficialmente se presentó como un «relanzamiento de gestión», aunque puertas adentro se reconoce como un manotazo de ahogado.

Secretarios, directores y funcionarios de segunda línea fueron invitados a dejar sus cargos. Solo un pequeño núcleo duro permanecería en funciones.

Sin embargo, el problema no radica solo en los nombres. Los basurales a cielo abierto, las calles destruidas, la inseguridad en aumento y un transporte público colapsado son síntomas de una ciudad gobernada sin planificación ni estrategia.

Desde la oposición, los cuestionamientos no se hicieron esperar. Rodrigo de Loredo (UCR) fue tajante:

“En décadas no hemos conocido a un intendente que no tenga la más remota idea de qué hacer a cargo del municipio.”

Martín Juez, del Frente Cívico, también fue duro:

“Tardaron más de 500 días en reconocer su propio fracaso. La improvisación es la forma más irresponsable de hacer política.”

Córdoba necesita más que gestos: necesita gobierno

Mientras se espera el anuncio de los nuevos funcionarios, el diagnóstico es claro: Córdoba no necesita más maquillaje político, sino transformaciones reales y urgentes. La crisis estructural no se resuelve con cambios de gabinete ni conferencias de prensa; exige una gestión con sensibilidad social, planificación técnica y una verdadera voluntad de escucha.

Llaryora y Passerini, socios políticos en la conducción de la ciudad y la provincia, parecen más preocupados por sostener la interna oficialista que por ofrecer soluciones reales a los cordobeses. Y mientras tanto, en los barrios, donde la crisis no se oculta con pintura ni slogans, la realidad golpea con fuerza.

Allí, en las calles hundidas y oscuras de San Roque, resuena una frase que sintetiza el hartazgo de miles:

«No te calles. Es hora de que nos escuchen.»

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