No es fácil escribir estas líneas. No es fácil hablar de un dolor que crece y se expande mientras, desde los lugares de poder, solo recibimos silencio. Sin embargo, como legislador y como ciudadano, me veo en la obligación de hacerlo, porque la indiferencia institucional frente a las tragedias humanas no puede ser la norma en nuestra Córdoba.

Hoy se cumplen seis días de la desaparición de Valentina Janet Velizan Hidalgo, una joven de apenas 15 años, cuyo último contacto fue el lunes 21 de abril, cuando avisó a su familia que iba a tomar un colectivo en la Avenida Colón. Desde entonces, no se sabe nada de ella. Nada. Ni un parte oficial, ni una conferencia de prensa, ni un dato que lleve alivio a sus padres, que hicieron la denuncia el 23 de abril en la Unidad Judicial N° 7 (Expediente N° 13756734). Se quedaron esperando respuestas que, a la fecha, el Estado aún no ha dado.
La pregunta es inevitable: ¿por qué este silencio? ¿Por qué el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, no ha informado a la ciudadanía sobre la desaparición de Valentina? ¿Qué se está ocultando?
En tiempos normales, la Legislatura sería el lugar natural para plantear estas inquietudes, para exigir explicaciones, para ejercer el derecho de control que tiene la oposición. Pero el oficialismo ha tomado la lamentable decisión de cerrar la Legislatura, acallando voces y bloqueando cualquier posibilidad de debate. Nos han quitado la herramienta institucional más importante que tenemos para representar a los cordobeses y exigir las respuestas que merecen.
No es un caso aislado. Hace poco más de dos meses desapareció Lian, otro joven que tampoco recibió la atención que correspondía. La inseguridad en Córdoba es cada vez más evidente, y la sensación de abandono crece en cada barrio, en cada familia que teme salir de su casa, en cada madre que mira el reloj y reza porque su hijo vuelva sano y salvo.
El gobernador Martín Llaryora prometió una Córdoba segura. Hoy, esa promesa se siente como un eco vacío frente a la realidad que vivimos. Porque no se puede construir seguridad desde la improvisación, ni mucho menos desde la negación. No se combate la inseguridad silenciando a quienes la denuncian, ni ocultando los hechos que golpean día a día a nuestra sociedad.
Los padres de Valentina, desesperados, nos recuerdan con su angustia que detrás de cada estadística, de cada expediente olvidado en una oficina, hay vidas, hay historias que merecen ser protegidas. Córdoba no puede darse el lujo de mirar hacia otro lado. Exigimos respuestas, pero sobre todo, exigimos compromiso.
Hoy, más que nunca, es urgente una política seria, sostenida y humana en materia de seguridad. Basta de improvisaciones, basta de impunidad. Córdoba merece algo mejor.
