La sesión de la Legislatura de Córdoba que debía ser un homenaje solemne en la Semana de la Memoria terminó convertida en un campo de batalla política. Lo que se anticipaba como un acto conmemorativo se desvió hacia un espectáculo de cruces verbales, tensiones y controversias que pusieron en el centro del escenario tanto a la vicegobernadora Myrian Prunotto como al oficialismo peronista.

El silencio de Prunotto: una estrategia que grita complicidad
Myrian Prunotto, quien reapareció para presidir la sesión tras su viaje a Estados Unidos, eludió frontalmente dar explicaciones sobre un tema que genera indignación ciudadana: la no publicación de la lista de contratados legislativos. Pese al amparo judicial presentado en febrero, la vicegobernadora optó por el hermetismo absoluto, dejando sin respuestas a la prensa y al pueblo de Córdoba.
Al izar la bandera frente a la Legislatura, Prunotto se limitó a afirmar lacónicamente: «La lista estará». Sin embargo, no hubo compromiso de fechas ni explicaciones sobre el retraso en una acción que debería ser de transparencia elemental. Su ingreso al recinto, escoltada por un despliegue inusual de custodia policial, refleja la creciente desconexión entre la dirigencia política y las demandas de los ciudadanos.
Esta actitud no solo alimenta sospechas sobre qué intenta ocultar el oficialismo, sino que demuestra una profunda falta de respeto hacia la ciudadanía que exige saber cómo se administran los recursos públicos. Prunotto no habló cuando debía hacerlo, y su silencio la señala como cómplice de una opacidad que mancha aún más la imagen del gobierno provincial.
El PJ y sus propias grietas en una jornada cargada de tensión
Por otro lado, la sesión fue escenario de un enfrentamiento que dejó expuestas las fracturas políticas y éticas del PJ. El cruce entre el legislador liberal Gregorio Hernández Maqueda y el presidente del bloque oficialista, Miguel Siciliano, mostró que el debate por la memoria histórica no solo sigue dividiendo, sino que se ha transformado en un espacio para el agravio personal.
Mientras Hernández Maqueda insistió en su pedido de una «verdad completa», vinculando el golpe de 1976 con una supuesta violencia previa atribuida al peronismo, Siciliano respondió con una dureza fuera de lugar, llegando a calificarlo de «sorete». Las disculpas a los familiares presentes no bastaron para mitigar el daño generado por la falta de altura política en el debate.
En un gesto que algunos interpretaron como manipulación política, Siciliano buscó el aplauso fácil de su bloque y los invitados al recinto. Sin embargo, este despliegue teatral no puede ocultar el hecho de que, más allá de los números de desaparecidos o los argumentos históricos, lo que faltó fue respeto mutuo y empatía hacia quienes cargan con el peso de la tragedia del pasado.
Un homenaje desvirtuado y una deuda con la sociedad
El homenaje en la Semana de la Memoria debió ser un momento de reflexión, pero terminó siendo un escaparate de mezquindades políticas. Legisladores como Agustín Spaccesi y Rodrigo Agrelo aprovecharon la oportunidad para reescribir la narrativa histórica, generando tensiones que llevaron a varios de los invitados a retirarse del recinto.
El oficialismo, en tanto, no logra escapar a su responsabilidad en este descalabro. Mientras los sectores liberales provocaban con argumentos revanchistas, el PJ no supo mantener la compostura ni el foco en el homenaje. Los ataques personales y la falta de estrategia comunicacional dejaron en evidencia la fragilidad del liderazgo político en un momento donde se necesitaba unidad y solemnidad.
Una crisis de legitimidad que no se puede ocultar
El regreso de Myrian Prunotto y la sesión de la Legislatura fueron un reflejo preocupante de cómo la política cordobesa enfrenta una crisis de transparencia y liderazgo. El silencio de la vicegobernadora sobre los contratados legislativos y la incapacidad del PJ para conducir un debate con altura en la Semana de la Memoria exponen un sistema político desgastado y alejado de las demandas ciudadanas.
La promesa de publicar la lista «mañana» suena más a una estrategia desesperada para apaciguar críticas que a un verdadero compromiso con la transparencia. Mientras tanto, el oficialismo sigue dilapidando su capital político en peleas internas y discursos vacíos que no responden a los problemas reales de Córdoba.
El pueblo cordobés merece más que silencios y escándalos. Merece una dirección que no solo es capaz de memoria, sino que actúa con responsabilidad y ética. ¿Estarán Prunotto y el PJ a la altura del desafío? Por lo visto hasta ahora, la respuesta es clara: no.
