La Unión Cívica Radical (UCR) enfrenta una de sus crisis internas más profundas, luego del quiebre del bloque de diputados y la formación de un nuevo espacio denominado “Democracia para Siempre”. Este movimiento marca un antes y un después en el partido, poniendo en jaque la unidad del histórico espacio y generando incertidumbre sobre su rumbo político en un contexto donde las alianzas y la alineación partidaria son cada vez más complejas y volátiles. Los integrantes del nuevo bloque han señalado que priorizarán «votar en unidad» y reafirmarán un perfil opositor al gobierno nacional, pero con matices que generaron tensiones al interior del partido.

El conflicto en el bloque radical escaló tras el acercamiento de su presidente, el cordobés Rodrigo De Loredo, al Ejecutivo Nacional, lo que ha provocado malestar en sectores que ven con recelo su vínculo con el oficialismo. Desde el nuevo espacio «Democracia para Siempre» no dudaron en cuestionar al sector liderado por De Loredo, subrayando que la “mancha” en el partido no proviene de su cercanía con el kirchnerismo, sino de la percepción pública negativa sobre el bloque radical. “La gente no insultaba a Mariano Campero (el diputado tucumano que asistió al asado de los ‘héroes’ con Milei), sino que decía que todos los radicales éramos unos chantas», señalaron desde este sector, remarcando su intención de diferenciarse y evitar etiquetas de kirchneristas, mientras definen su postura en función de cada ley.
El malestar en el bloque de De Loredo es evidente. Figuras como Julio Cobos, Karina Banfi, Mario Barletta, Fabio Quetglas y Martín Tetaz han manifestado incomodidad con la dinámica interna y los vínculos del partido con el Gobierno Nacional. Desde este sector sostienen que el problema de representación es claro y que, en lugar de perseguir a dirigentes como Barletta, el partido debería pedir la salida de Mariano Campero. La incomodidad de estos referentes radicales se extiende también a la figura de De Loredo, lo que hace prever que podrían producirse nuevos desprendimientos en la bancada, dejando al dirigente cordobés cada vez más aislado dentro del bloque.
En medio de esta tormenta, Rodrigo De Loredo intentó justificar la relación del sector con el gobierno de Javier Milei al argumentar que su grupo es «oficialista del cambio, no de un Gobierno». Sin embargo, el mensaje no convenció y generó aún más confusión entre sus filas. La postura ambigua de De Loredo resalta las diferencias ideológicas que hoy atraviesan a la UCR, donde varios miembros de peso consideran insostenible la convivencia entre aquellos que simpatizan con el gobierno de Milei y quienes buscan mantener una línea opositora clara y contundente.
Este panorama pinta un horizonte complicado para la UCR, en el que la continuidad de su unidad parece pender de un hilo. Las divergencias internas podrían llevar al partido a una fragmentación aún mayor, poniendo en riesgo su rol en la escena política nacional y su capacidad de consolidar un perfil definido de cara a los próximos desafíos electorales.
