La política cordobesa ha entrado en una dinámica tan peculiar como preocupante. Desde hace algunos meses, las sesiones de la Legislatura provincial no solo han reducido drásticamente su frecuencia a dos por mes, sino que además se extienden hasta horas de la madrugada, cuando la mayoría de los ciudadanos duerme. Esta situación ha encendido las alarmas en la oposición y en sectores de la sociedad que ven con sospecha lo que parecen ser maniobras para esconder debates importantes bajo el manto de la noche.

Un acuerdo que mina la transparencia
El oficialismo, en un movimiento poco convencional, logró reducir las sesiones de la Legislatura a dos por mes. En principio, este ajuste en la frecuencia podría parecer una medida administrativa para optimizar tiempos o recursos, pero la realidad es más compleja. El problema no es solo la baja periodicidad, sino el horario en el que se desarrollan estos debates. Las últimas sesiones se han extendido hasta pasadas las cinco de la mañana, un horario que difícilmente pueda considerarse como apto para la discusión de temas de importancia para la provincia.
Nancy Almada, legisladora juecista, manifestó su indignación en una carta abierta: “Algo inaceptable está ocurriendo en nuestra Legislatura: temas de vital importancia para la provincia están siendo tratados a puertas cerradas, en plena madrugada, cuando la gran mayoría de los cordobeses duerme”. Sus palabras resuenan con fuerza, ya que se ha vuelto rutinario que temas cruciales, como los incendios que devastan el territorio provincial o el peaje en La Calera, se discutan cuando casi nadie está prestando atención.
Sesiones interminables para diluir la importancia
Lo que resulta todavía más indignante es el contenido de muchas de estas sesiones. En la última, por ejemplo, se tomaron dos horas para tratar beneplácitos, reconocimientos y adhesiones a aniversarios o congresos provinciales. Desde el aniversario de una plaza hasta un congreso de mujeres, pasando por la celebración de efemérides laborales, los temas que ocupan el orden del día parecen más una excusa para demorar los debates importantes que asuntos de relevancia legislativa.
La legisladora radical Brenda Austin cuestionó este uso del tiempo legislativo, pero se encontró con la excusa del presidente provisorio de la Legislatura, Facundo Torres, quien atribuyó el retraso de la sesión a la participación de muchos legisladores en la marcha universitaria. En lugar de atender las críticas, el oficialismo parece más interesado en desviar la atención y seguir dilatando los debates que realmente importan.
Una estrategia para desmovilizar a la oposición
La oposición ha comenzado a denunciar que esta estrategia de sesiones nocturnas es deliberada. Gregorio Hernández Maqueda, legislador libertario, fue uno de los primeros en alzar la voz: “Que un órgano legislativo y representativo sesione de noche, cuando nuestros mandantes, a saber: los 4 millones de ciudadanos cordobeses descansan o duermen, es una práctica oscurantista que nada tiene que ver con la transparencia de una república democrática”. Sus declaraciones apuntan a lo que podría ser una estrategia cuidadosamente orquestada por el oficialismo para reducir la capacidad de la oposición de ejercer un control efectivo sobre las decisiones del Ejecutivo.
La reducción de sesiones y la elección de horarios tan inusuales parecen estar limitando la posibilidad de un debate amplio y profundo sobre los temas más urgentes. Almada lo remarcó con contundencia: “En la última sesión, por ejemplo, se presentaron 17 proyectos relacionados con los incendios que afectan a Córdoba”. Pero esos proyectos se perdieron en una agenda sobrecargada de temas triviales. Mientras tanto, los temas candentes, como los incendios o la actuación del Tribunal de Cuentas, quedan relegados y tratados con prisa, cuando la mayoría de los legisladores ya están exhaustos o cuando el público está desconectado.
Una legislatura que opera en las sombras

No es casualidad que esta dinámica se asemeje a lo que ocurrió a nivel nacional durante el control del Senado por parte de Cristina Fernández de Kirchner. Tal como lo señala un operador opositor, “es una estrategia, lo podemos confirmar”. Sesionar de madrugada, reducir la cantidad de encuentros y diluir los debates entre reconocimientos y beneplácitos son tácticas que apuntan a evitar el escrutinio público. ¿Por qué discutir los incendios que afectan a toda la provincia cuando es más fácil llenarse de aplausos por un aniversario o un reconocimiento trivial?
Lo que está en juego aquí no es solo la calidad de la labor legislativa, sino también la transparencia y la rendición de cuentas en Córdoba. Sesionar a esas horas, como bien lo apunta Nancy Almada, “en lugar de buscar transparencia, parece más un intento deliberado de esconder la verdad”. Mientras el oficialismo siga utilizando estos mecanismos para evitar el debate abierto y honesto, la democracia en Córdoba estará cada vez más a la sombra. La ciudadanía merece legisladores que trabajen de cara al pueblo, no en la oscuridad de la noche, cuando es más fácil ocultar lo que realmente está en juego.
