La UCR de Córdoba: Nuevos vientos para un futuro incierto

Después de décadas de control por parte de tres poderosas familias – los Mestre, los Negri y los Aguad-, la Unión Cívica Radical (UCR) de Córdoba finalmente parece abrirse a una transformación que muchos dentro y fuera del partido consideraban necesaria. Durante los últimos veinte años, estas figuras dominaron la escena política radical, cerrando el paso a otros dirigentes y consolidando un poder que, si bien tuvo momentos de gloria electoral, también condujo a sonados fracasos.

El manejo exclusivo del poder por parte de este trío ha sido un tema de críticas recurrentes en la política cordobesa. Los opositores internos lo han denunciado como un cerco infranqueable, uno que impedía la renovación y limitaba la participación de nuevas voces dentro del partido. Sin embargo, los recientes fracasos electorales a nivel local han comenzado a erosionar ese poder.

Hoy, nuevas figuras comienzan a ganar espacio dentro del radicalismo cordobés. Apellidos como Prunotto, Bee Sellares y Carrizo empiezan a emerger con más fuerza, rompiendo, por fin, la hegemonía de «las tres familias». Estos nuevos líderes, algunos más jóvenes y otros con larga trayectoria pero hasta ahora relegados, han logrado posicionarse en lugares de decisión que antes parecían inalcanzables para quienes no formaban parte del círculo cerrado que controlaba el partido.

El cambio no ha sido rápido ni fácil, pero la lenta apertura que ha vivido la UCR de Córdoba es una señal alentadora. Este proceso de renovación podría significar una nueva etapa para el radicalismo, que se prepara para afrontar las elecciones de 2027 con una mesa de decisiones más amplia y diversa. Atrás parecen quedar los tiempos en los que las decisiones se tomaban entre cuatro paredes por un grupo reducido de dirigentes. Hoy, la UCR de Córdoba enfrenta un futuro donde más voces tienen la oportunidad de ser escuchadas, donde el poder se distribuye y las oportunidades para nuevos liderazgos crecen.

La reciente asunción de nuevas autoridades en la UCR no solo marca un cambio generacional, sino también una nueva era de mayor pluralidad y participación. La salida de ese ciclo de autoperpetuación es una señal positiva para un partido que necesita volver a conectar con la sociedad cordobesa. El desafío será consolidar estos cambios y convertirlos en una fuerza competitiva para 2027, un año clave en el que la UCR buscará dejar atrás viejos errores y posicionarse nuevamente como una opción electoral seria y renovada.

Sin duda, este proceso de apertura es una oportunidad histórica para el partido. De a poco, la UCR de Córdoba comienza a transformarse y, aunque el futuro aún sea incierto, los nuevos aires que soplan traen consigo la esperanza de que el radicalismo vuelva a brillar en la provincia.

En conclusión, los tiempos de hegemonía exclusiva han quedado atrás, y eso es algo digno de celebrar. La UCR de Córdoba está dando pasos importantes hacia una mayor democratización interna, y con ello, se prepara para encarar un futuro lleno de desafíos, pero también de nuevas oportunidades.

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