El Caso Cocitorto: ¿Víctima o Chivo Expiatorio del Sistema Judicial Cordobés?

Es inevitable sentir cierta frustración al analizar el caso de Leonardo Cocitorto, líder de Generación ZOE, una figura que rápidamente fue demonizada por los medios de comunicación. Desde su detención, Cocitorto ha sido presentado como el villano perfecto para satisfacer a una sociedad hambrienta de justicia rápida. Sin embargo, al escuchar su testimonio, no puedo evitar preguntarme: ¿Es Leonardo Cocitorto realmente el monstruo que nos han pintado o estamos ante otra víctima del sistema judicial cordobés y de la injerencia mediática?

Entrevista con Leonardo Cositorto

Lo que más llama la atención en este caso es cómo se llevó a cabo el proceso judicial. Cocitorto se encuentra detenido hace más de 30 meses, alejado de su familia y casi sin contacto con el exterior. La «justicia» parece haber olvidado uno de sus principios fundamentales: la presunción de inocencia. Nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, y Cocitorto no deja de recordarnos que, hasta el momento, no ha sido condenado por un tribunal, aunque la opinión pública ya lo haya sentenciado.

Durante nuestra entrevista, Cocitorto no evade los temas delicados, pero lo que resalta no son sus palabras sobre la estafa por la que se lo acusa, sino su constante referencia a valores y creencias que, según él, lo mantienen en pie. «Estoy apoyado en Dios y en valores fundamentales como la perseverancia, el dar, el aceptar y no perder jamás la confianza en Dios,» afirma con convicción. Lejos de mostrarse derrotado, su discurso está lleno de esperanza y de un deseo palpable de cambio. Se define a sí mismo como un «líder al servicio» que sueña con una Argentina más libre, unida y justa.

Sin embargo, lo que realmente sacude es la falta de contacto con su hijo, una consecuencia devastadora de su encarcelamiento prolongado. «No tengo contactos casi con nadie,» dice Cocitorto con un dejo de resignación, «me han alejado y negado derechos, pasé por torturas físicas, doble encadenamiento, muchas prohibiciones.» Este tipo de trato, en cualquier otro contexto, sería denunciado como un abuso, pero parece que en este caso la sociedad y la justicia han mirado hacia otro lado.

Uno de los aspectos más cuestionables en este proceso fue la aparición de la fiscal a cargo en una serie de Netflix. Mientras la opinión pública se dejaba seducir por el espectáculo mediático, cabe preguntarse qué tipo de justicia es esa que se lanza al circo mediático sin hablar con el acusado o su representante legal. Cocitorto lo resume de forma contundente: «Soy un peligro para este sistema». No puedo evitar preguntarme si este hombre, ahora confinado y separado de su familia, es simplemente una ficha más en un sistema que necesita un villano para apaciguar a las masas.

El testimonio de la Fiscal Juliana Companys es uno de los tantos que aparece en el documental sobre el caso Generacion Zoe.

En nuestra charla, Cocitorto no parece tener miedo de lo que le depare el futuro. «Creo que todos nacimos condenados, y solo un porcentual alcanza la libertad verdadera,» reflexiona, añadiendo que, si lo condenan, lo tomará como «un desafío más a superar». Es irónico que una figura que muchos han tildado de manipulador se presente a sí mismo como una víctima más de un sistema corrupto. La distancia entre su relato y el que nos ofrecen los medios no deja de desconcertar.

Pero más allá del destino de Cocitorto, este caso abre interrogantes mucho más profundos sobre el rol de la justicia en Córdoba. La condena mediática a la que fue sometido, sumada a las irregularidades en el proceso judicial, nos obliga a reflexionar: ¿Estamos realmente asistiendo a un juicio justo, o estamos ante un show mediático donde ya no importa la verdad? Cocitorto, por su parte, no deja de soñar con un futuro mejor. «No dejo de pensar en grande, de imaginar una Argentina y Latinoamérica más libre, más linda, más alegre y con justicia.»

La justicia, ese ideal que parece tan lejano en estos tiempos, ha sido distorsionada en este caso hasta el punto de preguntarnos si Cocitorto es un victimario o una víctima de un sistema que, una vez más, parece haber fallado. ¿Es culpable de lo que se le acusa? Solo el tiempo lo dirá. Pero lo que ya es evidente es que en este proceso se han cruzado líneas que jamás deberían haberse cruzado.

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