Córdoba en llamas: ¿dónde está el gobernador?

No se trata de hacer politiquería barata, como nos acusan desde el gobierno. Esto no es un simple juego de palabras. Hoy, Córdoba arde. Y no solo en el sentido literal de los devastadores incendios que azotan nuestras sierras, sino en un plano mucho más amplio: la provincia está en crisis, consumida por las llamas de la negligencia y la desidia. Y mientras tanto, ¿dónde está el gobernador?

Ilustracion. Incendios, corrupción y la lucha de los trabajadores

Las imágenes de las sierras cordobesas devoradas por el fuego son desgarradoras. Las familias evacuadas, los animales muertos, el ecosistema destruido, son una realidad que no podemos ni debemos ocultar. Pero lo más doloroso es saber que esta tragedia pudo evitarse. Se nos repite una y otra vez que el gobierno destina millones para combatir el fuego, pero la realidad es que nuestros bomberos, esos héroes anónimos que arriesgan sus vidas diariamente, no tienen los recursos adecuados. Trabajan con equipos obsoletos, sin el apoyo necesario, mientras la vida de millas de ellos pende de un hilo. ¿Cómo es posible que, con supuestas inversiones millonarias, la infraestructura para enfrentar estos desastres sea tan pobre?

Y no es solo el fuego lo que arde en Córdoba. La provincia también está en llamas por dentro. Funcionarios condenados, otros imputados por corrupción; la sombra de la impunidad se cierra sobre el gobierno. Cada escándalo es un golpe más a la confianza de los cordobeses. Pero aquí no se trata solo de un problema ético o legal: la corrupción en el gobierno de Córdoba ha dejado cicatrices profundas que afectan la vida diaria de todos.

Los empleados provinciales, los maestros, los médicos, incluso nuestros jubilados, viven en carne propia esta crisis. Sus salarios están por debajo de la línea de pobreza, en un contexto de inflación que no perdona. ¿Cómo espera el gobierno que nuestros docentes enseñen, que nuestros médicos cuiden, cuando ellos mismos no pueden llegar a fin de mes? ¿Dónde está el compromiso con los trabajadores que sostienen los servicios esenciales de la provincia?

Pero esto no es todo. Córdoba arde también en lo económico. Con las tarifas más altas del país y una presión fiscal asfixiante, las empresas están cerrando, y con ellas, las oportunidades laborales de millas de cordobeses. El éxodo empresarial se convierte en desocupación, y la desesperación crece. ¿Qué solución nos ofrece el gobierno? Nada. Las promesas vacías no llenan los estómagos de quienes no tienen trabajo.

Y mientras todo esto sucede, seguimos cargando con una deuda impagable en dólares, resultado de 25 años de pésima administración. Esa misma deuda que impide que el gobierno invierta en obras que tanto necesitamos o que implemente planes de ayuda social para las familias que ya no pueden más. El fuego que consume a Córdoba no es solo el de los incendios forestales: es el fuego de la mala gestión, la corrupción y la ineficacia.

Córdoba está en llamas, y el silencio del gobernador es ensordecedor. No podemos esperar más. Las llamas no se apagan solas, ni en las sierras ni en los despachos del poder. Gobernador, hágase cargo.

Miguel O. Nicolas – Legislador provincial
Bloque UCR

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