El presidente Javier Milei presentó el proyecto de Presupuesto 2025 ante la Cámara de Diputados, y como era de esperar, generó reacciones dispares. Mientras los sectores oficialistas lo celebran como una reafirmación de su plan de gobierno, la oposición no escatimó en duros cuestionamientos, acusando al mandatario de ofrecer un discurso vacío de contenido, lleno de eslóganes y con pocos anuncios concretos.

El circo del equilibrio fiscal
El oficialismo, liderado por el bloque de La Libertad Avanza (LLA), rápidamente salió a elogiar el discurso presidencial. Gabriel Bornoroni, jefe del bloque, destacó la apuesta de Milei por el «equilibrio fiscal» como el punto central del mensaje. El diputado oficialista Carlos D’Alessandro, siguiendo la misma línea, sostuvo la intención del gobierno de «bajar el déficit lo más que se pueda», y subrayó que el objetivo de Milei es un superávit fiscal, acompañado por el mantra de no recurrir a la emisión monetaria.
Sin embargo, a pesar de estos objetivos loables, las críticas de la oposición no tardaron en llegar. Desde el sector radical, Rodrigo de Loredo expresó su frustración por la falta de precisiones sobre el proyecto de Presupuesto: «Me parece que vino a cumplir un objetivo comunicacional. Reconstruyó la polarización con el kirchnerismo». De Loredo no sólo denunció la falta de datos, sino que también acusó a Milei de usar el enfrentamiento con el kirchnerismo como estrategia política, relegando la sustancia del debate presupuestario.
Un discurso vacío: entre el espectáculo y las chicanas
El presidente de la UCR, Martín Lousteau, fue aún más categórico en su crítica, calificando el discurso como «circo sin pan», subrayando la falta de propuestas concretas y las promesas incumplidas. Para Lousteau y otros referentes de la oposición, Milei parece más interesado en mantener su espectáculo mediático que en presentar un plan coherente para el país.
Esta misma opinión fue compartida por el diputado radical Fernando Carbajal, quien resumió el sentimiento generalizado en la oposición: «Terminó el actito. Nada nuevo. Los mismos eslóganes de siempre. Ni un dato, ni un anuncio». Carbajal no solo criticó la falta de contenido en el discurso, sino que además subrayó la urgencia de trabajar por una justicia social real y la creación de un Estado moderno, transparente y republicano. Las palabras de Carbajal son un reflejo de la creciente frustración de aquellos sectores que ven en la gestión de Milei una falta de sustancia y una excesiva inclinación hacia la retórica vacía.
La demanda de explicaciones
Entre las voces más críticas, se destacó la de la vicepresidenta del bloque radical, Karina Banfi, quien exigió que, tras este primer acto, los ministros del gabinete, comenzando por el de Economía, Luis Caputo, acudan al Congreso a explicar detalladamente el proyecto. Banfi pareció que el discurso de Milei fue una repetición de los que ya había dado en la Asamblea Legislativa y en el Pacto de Mayo, sin entrar en las prioridades presupuestarias que la oposición esperaba escuchar.
Por su parte, Oscar Agost Carreño, de Encuentro Federal, también fue tajante al señalar que Milei había centrado su presentación en una visión personal de su gestión, en lugar de ofrecer una explicación detallada sobre el contenido del presupuesto. Para Carreño, el presidente parece ignorar que su mandato no implica un cheque en blanco, y aunque el equilibrio fiscal es una prioridad, necesita estar respaldado por un programa económico coherente.
¿Presupuesto o propaganda?
La realidad es que el discurso de Milei dejó más preguntas que respuestas. Si bien la retórica de «equilibrio fiscal» y «no emisión monetaria» sonó atractiva para los sectores oficialistas, muchos se preguntan si realmente existe un plan concreto detrás de estas palabras. La oposición, al menos, cree que no. Los líderes radicales como Lousteau y De Loredo denunciaron la falta de detalles, mientras que otros, como Banfi y Carreño, exigieron que el gobierno comenzara a tomarse en serio el trabajo legislativo y ofreciera respuestas claras sobre el futuro económico del país.
Lo que quedó claro es que el discurso de Milei no solo alimenta la polarización política, sino que también refuerza las tensiones entre un oficialismo que aplaude sin reservas y una oposición que, entre el escepticismo y la desconfianza, exige seriedad y respuestas concretas. Con el Presupuesto 2025 en el centro de la escena, la verdadera discusión aún está por comenzar. ¿Será el equilibrio fiscal suficiente para calmar las aguas o es solo otro espectáculo político sin contenido real? La respuesta está en el debate que se viene.
