
El flamante Sistema de Transporte Metropolitano, presentado con bombos y platillos por el gobernador Martín Llaryora y el intendente Daniel Passerini se desmorona a la primera señal de falta de compromiso por parte del gobierno provincial. Lo que se anunciaba como la solución a los problemas del servicio de transporte interurbano y urbano en Córdoba ha demostrado ser, una vez más, un proyecto superficial que prioriza la publicidad sobre la gestión.
El Boleto Educativo Gratuito (BEG), un programa clave para millas de estudiantes cordobeses, ha sido el primero en sufrir los embates de esta desidia oficial. La Federación de Empresarios del Transporte Automotor de Pasajeros (FETAP) ha informado que, a partir del 16 de septiembre, se suspende el programa por falta de pago. Este anuncio, que deja a millas de beneficiarios sin servicio, refleja no solo la incapacidad del gobierno de sostener sus propios programas, sino también la contradicción flagrante entre el relato oficial y la cruda realidad.
La suspensión del BEG es un golpe directo a las familias que ya enfrentan una crisis económica profunda, y la falta de respuestas concretas por parte del gobierno genera indignación. ¿Cómo es posible que mientras Llaryora y Passerini pregonan soluciones, la provincia sea incapaz de cumplir con compromisos esenciales como el BEG? La excusa de «corte de servicio por falta de pago» resuena con una ironía amarga para los cordobeses, quienes ya están acostumbrados a recibir ese mismo mensaje en sus boletas de servicios, asfixiados por los impuestos y tarifas más altas del país.
La insensibilidad del gobierno provincial no tiene límites. Mientras se mantiene una estructura política sobredimensionada con 14 ministerios y 6 agencias, el costo de vida sigue escalando, y los ciudadanos no encuentran más de dónde recortar para subsistir. En lugar de reducir la burocracia innecesaria y destinar esos fondos a programas sociales y de transporte, el gobierno de Llaryora elige gastar en mantener su aparato político. Este desinterés por las necesidades reales de la población solo acentúa la desconexión entre los dirigentes y los cordobeses de a pie.
El Sistema de Transporte Metropolitano, que pretendía ser un gran avance, ahora muestra su verdadera cara: una solución «pegada con cinta», como lo demuestra la suspensión del BEG. No es más que un esfuerzo mediático por encubrir la falta de capacidad de gestión y la desorganización que reina en las áreas claves del gobierno provincial.
Mientras tanto, las consecuencias, las pagan los ciudadanos. Estudiantes que no podrán llegar a clases, familias que deben reorganizarse y más presión sobre quienes dependen del transporte público. Esta crisis es una señal clara de que, detrás de los grandes anuncios y promesas, lo que prevalece es la falta de planificación y una gestión deficiente que pone en riesgo el bienestar de todos.
En definitiva, la suspensión del BEG es un símbolo del fracaso de las políticas de transporte en Córdoba. Una vez más, los que pagan las consecuencias son los más vulnerables, mientras el gobierno se sostiene en la comodidad de su estructura política, alejada de las necesidades reales de la gente.

UCR
