Rodrigo de Loredo, diputado nacional por Córdoba, ha salido a desmentir públicamente que modificará su voto en relación al proyecto de ley de movilidad jubilatoria, en una maniobra que, más allá de su clara intención, deja varias preguntas sin responder. Con un lenguaje directo, acusa a las redes sociales de propagar «información falsa» y «disparates», desmintiendo cualquier asociación con los radicales que, tras una reunión con el presidente Javier Milei, cambiaron su posición.

El comunicado de De Loredo pone el foco en reafirmar su compromiso con una «movilidad jubilatoria responsable fiscalmente» y en su proyecto de ley que afecta «solo el 0,4% del PBI», pero omite referirse al tema más incómodo: la traición implícita que representa la actitud de Luis Picat, su correligionario y ex aliado interno. El silencio sobre Picat es significativo. Mientras que De Loredo se esfuerza por mostrarse inquebrantable en su postura, evita cualquier mención sobre el accionar del cordobés que, proveniente de su propio espacio, decidió cambiar su voto tras la reunión con Milei.
Esta omisión estratégica invita a reflexionar sobre las verdaderas tensiones dentro del radicalismo cordobés y, particularmente, dentro del espacio que De Loredo lidera. La falta de una postura clara sobre el viraje de Picat deja entrever que el diputado prefiere no ahondar en una crisis interna que podría debilitar su imagen, justo en un momento clave donde su figura emerge como una de las principales opciones para la gobernación de Córdoba.
De Loredo insiste en la «responsabilidad fiscal», pero, al igual que muchos en la política argentina, parece caminar sobre la cuerda floja entre el pragmatismo y el idealismo. Su discurso que busca equilibrio, colaborando con el gobierno pero manteniendo “límites claros”, suena bien en lo teórico, pero en la práctica se traduce en elusiones y silencios sobre las fisuras que ya son evidentes dentro de su propio espacio político. ¿Es posible que su falta de contundencia hacia Picat sea una señal de que otros podrían seguir el mismo camino?
El diputado reitera que no ha cambiado su posición, pero la duda persiste: ¿cuánto control tiene sobre quienes alguna vez compartieron su línea interna? Y lo que es aún más crucial, ¿cuánto de esa unidad interna es realmente sólida? Frente a un contexto nacional convulsionado, con una oposición fragmentada y una coalición oficialista igualmente dividida, De Loredo se enfrenta al desafío de demostrar que no solo tiene una postura firme en cuanto a la movilidad jubilatoria, sino también el liderazgo necesario para contener las fisuras internas de su propio sector.
