
Me dirijo a Ud. en mi carácter de afiliado radical desde mis 18 años, hace más de seis décadas, tiempo en el cual he conocido la militancia en el llano y en la función pública, en cargos partidarios y gubernamentales, pero sobre todo en el ostracismo de cuando nuestro partido dejó de representar a los intereses de tan importante sector de la ciudadanía, mayoritario o no, pero siempre gravitante porque portábamos valores con los cuales miles de hombres y mujeres de toda condición se sentían representados.
Me tocó vivir las idas y vueltas de un partido centenario, que protagonizó la marea alta y baja de la política argentina, que estuvo en la cima y en el suelo, pero siempre volvió a ser protagonista, o actor importante. Se atribuye a Sarmiento haber manifestado que de todo se vuelve, menos de ridículo. En este momento de nuestra UCR temo que no logremos, o sea muy difícil, volver a la consideración no ya mayoritaria, sino al menos considerable de la ciudadanía, ya que es justamente en el ridículo en lo que hemos caído. Se entiende por tal cosa a lo extravagante y despreciable que motiva risa.
Esta es la situación: con motivo del tratamiento de la Ley Bases en el Senado de la Nación,
el presidente de la UCR-usted- votó en sentido contrario al resto de los senadores nacionales de la UCR, a lo que ya había votado el Bloque de Diputados Nacionales de la UCR en la instancia anterior de tratamiento de la ley, y a la postura de los cinco gobernadores que posee la UCR en el país, recientemente elegidos: Mendoza, Santa Fe, Chaco, Jujuy y Corrientes. Es decir, el presidente de la UCR votó en contra de todos los representantes de la UCR, democráticamente elegidos en sus cargos por el pueblo de la nación. Y fue un voto único.
Que un presidente partidario vote en soledad, contrariando a sus diputados, senadores y gobernadores es una actitud políticamente absurda que incita a la risa y burla de nuestros adversarios, al rechazo, indiferencia o desvalorización de buena parte de la ciudadanía y a la conmiseración, cuando no el arrepentimiento, de ciudadanos que alguna vez confiaron en nosotros y que ahora se encuentran ante este grotesco político.
Ha intentado usted justificarse diciendo que «Yo voto de acuerdo a mis convicciones», o «Sigo votando en función de lo que creo, de lo que ahora creo correcto», o «No me importa con quién voto, no voto por la moda». Es una actitud atendible y respetable si fuera usted un ciudadano común, sin representación alguna, pero usted es presidente de la Unión Cívica Radical, cuya Carta Orgánica según le recuerdo, o le informo, no sé si la ha leído Establece entre otras exigencias: los deberes, obligaciones y conductas a la que nuestros representantes deben sujetarse, dentro del marco de valores ético-moral establecido en nuestra profesión de fe doctrinaria, en cumplimiento de la responsabilidad partidaria asumida.
Solo la decadencia de la UCR, en el marco de la crisis de representación política que viene sufriendo nuestro país, donde los partidos se han reducido a una estructura administrativa para cumplir con las formalidades electorales, puede explicar una situación como la descripta, donde un grupo de persuasivos aventureros logran ocupar cargos partidarios y arrogarse representaciones inexistentes, mientras lucran con las funciones, cargos públicos y relaciones que tal cosa les permite.
No apelo, Sr. Loustau, a su reflexión, juicio sobre sí mismo o condiciones personales que normalmente llevaría a cualquier dirigente sensato a renunciar al cargo. Sus múltiples pertenencias políticas y servicios a gobiernos de muy distinto signo -que los medios de prensa se han ocupado de recordarnos en estos días evidencian que sus intereses personales carecen de escrúpulos.
Que la Unión Cívica Radical continúe presidida por alguien como Ud. nos coloca a quienes ostentamos décadas de militancia en la incómoda posibilidad de ser rozados por su actuación, siendo incluidos a ojos de la ciudadanía en lo que define al ridículo: lo extravagante, insensato y despreciable que incita a la risa. Como no me considero merecedor de tal cosa, me veo en la obligación de manifestarle y hacer público este sentimiento y la solicitud a las autoridades partidarias a que hagan cumplir las normas, antes de que la burla hacia nuestro desempeño como partido político vire hacia un definitivo apartamiento de cualquier idea, acción o mensaje que se presente con el rótulo de Unión Cívica Radical, que es lo que el Sr. Loustau representa en este momento: solo un rótulo, vacío de contenidos y olvidado de nuestra historia.
Córdoba, 14 de junio de 2024
Felipe Ricardo Rodríguez.
